La cruda realidad…

Empecé a trabajar a las 16 semanas después de dar a luz. Soy autónoma, la baja que cobraba era miserable y roñosa y mi pequeño negocio iba flaqueando desde que me cogí la baja un mes antes de dar a luz, a pesar de tener a otra persona al frente.

Nos lo montamos de tal manera, que pude compartir la baja con mi pareja y así estuvimos los tres juntos durante las 16 semanas, pero claro, yo sin cobrar un duro.

Mi pequeño rubito no tenía ni 4 meses cuando empezó a ir a la guardería. Es una escuela infantil que tengo en la puerta de alado de mi trabajo y bueno, dentro de lo malo eso me daba muchísima tranquilidad.

Le daba lactancia materna exclusiva, le costaba dormirse, nunca había tomado biberón ni quería chupete y nunca le había dejado con nadie. Me angustiaba el pensar en la separación aunque al principio solo iba a trabajar media jornada. Me angustiaba el pensar que le tenía que empezar a marcar unas rutinas de acostarse y levantarse, no sabía como me lo iba a montar para sacarme leche, levantarme a las mañanas, darle la teta y no llegar ningún día tarde a trabajar… lo veía imposible. Las semanas anteriores a empezar, mi cabeza era como una olla a presión ¿Qué haré, como estará mi pequeño, llorará, como dormirá, querrá biberón…? Todo el día maquinando…

Unos días antes empecé a sacarme leche para ir teniendo un buen almacén, para que no le faltara la leche de su ama.

Llegó el primer día, le tenía que dejar una hora. Lo dejé con mucha pena y a la vez curiosidad por  ver como reaccionaría él. A la hora fui a recogerlo y me dijeron que fuera mas tarde, que estaba dormido, la verdad que me quedé muy sorprendida, se había dormido el solito, en su cunita, abrazado a un caballito, con el chupete y sin protestar…pobrecito mío, con chupete, caballito y sin su ama…angelico mío.

Para el tercer  o cuarto día ya se quedaba las cuatro horas, tomaba muy bien el biberón y parecía que estaba  “agusto”. Yo me sacaba leche todos los días, 2 ó 3 veces para tener para el día siguiente, si algún día me sacaba mas la congelaba para tener por si acaso.

Le dejaba a las 10 y le recogía a las 2 y luego estábamos toda la tarde juntos, como disfrutábamos las tardes…

A los dos meses me llevé un palo fuerte cuando la chica que tenía contratada me dijo que no quería seguir trabajando, que ella quería una jornada completa (yo no se la podía pagar), ahí se me vino el mundo encima ¿qué voy a hacer? , trabajando  todo el día no voy a poder estar con mi txikito mas que tres horas. Hice números, rasqué de ahí y de allá para poder mantener a esa persona y poder seguir yo a media jornada, pero me fue imposible.

Un nubarrón se apoderó de mí, que horror, todo se volvió oscuro y gris. Tenía que ampliar mi horario hasta las 6 de la tarde y el de mi txiki hasta las 4 de la tarde y lo peor de todo es que yo no iba a poder ir a recogerlo, no iba a poder ver su gran sonrisa al verme aparecer, no le iba a poder dar tetica a la tarde…Ya nos organizamos como pudimos, el aita va a recogerlo cuando va de mañana y de noche (le llamaba todas las tardes mil veces a ver que tal estaba el peke)y el abuelo cuando va de tarde, el abuelo se queda  paseando por el barrio y me lo trae a las 6 a mi trabajo.

Me costó mucho superar  esta nueva situación, pero a mi hijo le costó más. Se despertaba a la noche cada hora, llorando, reclamando a su ama, le cogía entre mis brazos y le daba lo que mas le gusta, su tética y mucho calor humano. Y poco a poco nos fuimos acostumbrando a esto, que no quiere decir que nos hayamos adaptado, porque nunca me adaptaré a estar sin él, ni él a estar sin mí.

Ahora tiene casi 12 meses, sigue tomado tetica (cuando podemos, claro).Hemos pasado un buen verano, me cogí fiesta a las tardes y lo recogía yo a las 3 en la guarde, que felicidad cada vez que me ve que voy a buscarlo…aiii.

Hace una semana empecé otra vez el horario de invierno, osea, hasta las 6 de la tarde, pero si no tengo trabajo me voy antes, cierro, me desvío el teléfono y me llevo mi agenda y así, aunque tenga la puerta cerrada, puedo atender a mis clientas por teléfono. Ellas me entienden y de momento la cosa va bien.  Si os soy sincera, la que no entienda que quiero ver crecer a mi hijo y deje de venir a mí, no me merece la pena  ni como clienta ni como persona. Prefiero tener menos trabajo y vivir un poco más justita, que perderme la niñez de mi rubito lindo, sus miradas, sus risas…

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. d3ry4
    Sep 29, 2011 @ 09:53:39

    Bea qué bien te entiendo… Mi rubita con cuatro meses me parecía tan indefensa, tan pequeña, tan tierna… Y no entendía cómo tenía que separarme de ella por obligación. Cómo podía una criatura con apenas cuatro meses ser feliz lejos de su madre?? Por mucho que lo pienso, no me entra en la cabeza.

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  2. ranchyta
    Sep 29, 2011 @ 12:37:56

    Bea, está claro que somos mamásquemiman. Yo lo que no entiendo es como hay mamás que están deseando que se acabe la baja por maternidad para desvincularse de sus peques y poder hacer “su vida”. No me entra en la cabeza. Si me costó a mi dejar a mi gordi con 8 meses, no quiero imaginarme lo que habéis pasado las que los tuvisteis que dejar con 4. A ver si esto cambia. Un besote.

    Responder

  3. bea185
    Sep 29, 2011 @ 23:00:01

    Ranchyta, es que hay mamás que no deberian serlo…

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