Conciliación Real ¿Ya?

 

Llevamos unos días de mucha revolución, con la creación del grupo de Facebook Conciliación Real ¡Ya! por iniciativa de Ira, de Ma a ma, pell a pell, cor amb cor (podéis ver la entrada que sembró la semillita aquí).

Son días de mucho darle vueltas al asunto, de intentar buscar propuestas, recogiendo las diversas opiniones de madres y padres implicados con la crianza de sus hijos y unidos por la misma desazón: la dificultad de conciliar la vida laboral con la familiar.

Y es que ¿con quién van a estar mejor nuestros hijos que con nosotros mismos? Muchas veces me han hecho la misma pregunta: ¿y tu hija va a la guardería? y a pesar de que algunos intentarán cantarnos las excelencias del bien que les hace, porque necesitan socializarse, blablabla, incluso estos acaban diciendo que como en casa en ningún sitio. Ya, pero en casa de los abuelos, no en mi casa, nuestro hogar… Cierto es que yo puedo ser considerada muy afortunada, tengo un horario bastante bueno y paso todas las tardes con mi pequeña, pero no puedo evitar mirar con envidia a mis padres cuando llego al mediodía y me cuentan una nueva hazaña de mi bombón.

Siempre hay algo nuevo, algo que ha hecho por primera vez y no estaba yo para ser testigo del paso del tiempo, de como mi pequeña se va convirtiendo en una niña, de todas esas historietas que me cuentan henchidos de orgullo y que hacen que nos partamos de risa con sus ocurrencias.

Recuerdo perfectamente mi incorporación al trabajo una vez terminadas las 16 escasas semanas del permiso de maternidad. Me debatía entre dos frentes, por un lado el dejar a mi pequeña, de la que no me había separado en ese tiempo, y por el otro mi sentido de la responsabilidad, ya que no podía evitar sentir que estaba fallando a la empresa por ese tiempo de “vacaciones”. Quería llegar y estar a tope, pero no podía evitar irme al baño y sentirme fatal, sentir que estaba traicionando a mi pequeña, que con quien tenía que estar era conmigo. Y era pensar en ella, o hablar de ella o lo que sea, y mis pechos se ponían duros como piedras y lloraban leche.

Cada vez que la iba a buscar a casa de mis padres, aunque acabara de comer, se enganchaba siempre al pecho, para recuperar el tiempo perdido, y pasamos las tardes bien pegadita la una a la otra.

Hasta que la niña cumplió un año, fue su padre quien la llevaba todos los días, ya que por horarios entraba una hora más tarde que yo y así no le pegábamos tanto madrugón. Yo lo agradecía, ya que cuando la llevaba yo la niña lloraba amargamente, y si la llevaba mi marido parecía llevarlo mejor. A partir del año, fui yo quien la iba a llevar (además de recogerla) y nos costó mucho a las dos adaptarnos, aún es el día de hoy (tiene 19 meses) que llora a veces cuando la dejo con los abuelos, y yo me voy a trabajar con un nudo en el estómago.

Una de las cosas que me costó mucho fue el mantener el ritmo de extracción de leche. En el trabajo no tenía opción de sacarme leche, así que me tocaba hacerlo por las mañanas y al mediodía, y a ratitos libres por la tarde. Me costó muchísimo estar así hasta que la niña cumplió 15 meses, necesitaba sacarme todos los días 300 ml y no siempre lo conseguía. La mayor parte de las mañanas sacaba muy poco, porque la niña había estado toda la noche enganchada al pecho, y al mediodía ya se encargaba ella de vaciarme de nuevo en cuanto me veía… Fue una locura, empecé a sacarme leche unas 6 semanas antes de incorporarme y si pudiera volver atrás en el tiempo, lo hubiera hecho desde el principio. Vivía angustiada pensando en el dichoso sacaleches, me fabriqué un sujetador manos libres casero, y me sacaba leche todos los días, a veces me parecía que no hacía otra cosa!

Y es que mi peque fue de las que sí aceptó el biberón de la leche de mamá y demandaba dos biberones de 150 ml, así que os podéis hacer a la idea de lo duro que fue…

En fin, creo que ha resultado una entrada de lo más caótica, ya que son tantos sentimientos acumulados que no puedo más que hacer un batiburrillo de ellos, me salen a trompicones, espero que me perdonéis.

No puedo más que enlazar con la página de Facebook que tiene Conciliación Real Ya desde ayer, para que todos se unan por esta causa.

 

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Inma
    Sep 30, 2011 @ 21:59:51

    Ayy, me has hecho sentir muy identifficada… cambiando la casa de los abuelos por la guardería… El sacaleches también fue mi aliado hasta algo más del año, venía conmigo al trabajo, me sacaba de 200 a 300 ml., y tenía en el congelador una reserva de por lo menos 50 bolsitas… ¡las gasté todas, todas!! Saludos.

    Responder

  2. mambina
    Oct 01, 2011 @ 16:18:06

    El sacaleches! creo que lo amé y lo odié a partes iguales, aunque bueno, ahora que ya ha pasado tengo que decir que me salvó la lactancia, al menos mientras yo estaba fuera trabajando. Por cierto, 50 bolsitas!! madre, yo lo máximo que tuve fueron 30, si hasta iba marcando en el calendario hasta cuando estaba surtida, fueron momentos durillos.
    Por cierto, aprovecho para decirte que me encanta tu blog, es uno de los primeros que he seguido (mi blog personal es Erase una vez, por si te suena)
    Un besito!

    Responder

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