La semilla de la duda. Alimentación vegetariana.

Cuando nació mi hija mi mundo parecía naufragar en un mar de dudas. Lo primero a lo que tuve que hacer frente fue a mis propias incertidumbres. Esto está bien?? Esto lo hago mal?? Me di cuenta que todas las preguntas que me hacía tenian una connotación negativa. Como si no supiera o no fuera capaz de hacer las cosas bien con mi hija.

Eso es lo que más me costó cambiar, la confianza en mi. Como persona. Como mujer. Como madre. Tenía que empezar a confiar en mis instintos, dejarme fluir y conectar con las necesidades de mi hija. Ella es quien me tiene que guiar. Ella es quien me indica qué necesita en cada momento.

Solo en ese instante en que comprendí que ser consciente de esa conexión era todo lo que necesitaba para dejarme llevar, fui la madre que quería ser.

Dejé de ser la madre que otros querían que fuera. Dejé de ser la madre que “tenía” que ser. Y fui la madre que llevaba dentro.

Este hecho sólo fue el comienzo de una espirarl de dudas. A partir de esa maternidad consciente surgieron alternativas. Alternativas  al modo de vida, al sueño, a la higiene… y a la alimentación.

Se sembró la semilla de la duda. Cómo una madre respetuosa con los ritmos de su hija, respetuosa con su llanto, con su crecimiento y con su alimentación… Cómo una madre que respeta la vida y quiere transmitir esa esencia a su hija… cómo una madre así… puede alimentarse de otro ser vivo, que padece, que tiene instintos igualmente profundos y que cuida de sus crias??

Esa semilla se asentó… esas dudas crecieron, se hicieron fuertes… se alimentaron de textos, libros y información… Aprendí sobre aditivos perjudiciales para la salud, sobre alimentos procesados, parabenes, etc… Y todo me llevaba al mismo camino. Se puede vivir de manera respetuosa conmigo misma y con el mundo que me rodea. Se puede vivir sin consumir carne animal. Es más, en ésta sociedad en la que todo se ha convertido en un negocio, incluso la vida en su estado puro, es posible alimentarse evitando el sufrimiento innecesario de otros animales. Animales que son tratados como despojos, como mercancía. Sin ningún tipo de respeto.

Y es que el respeto es la palabra clave. Respeto por los seres vivos. Y por uno mismo.

Y aquí estamos todos incluidos. El respeto se aprende respetando. Es algo profundo. El respeto se vive y se interioriza. Y derecho a ser respetado es uno de los pilares de la vida.

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Trackback: La mujer que era y la mujer que soy « Mamás que miman

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