Somos lo que comemos. Los refinados. (Parte 3)

De todo lo que te he ido contando estos días, se desprende la idea de que muchas de las enfermedades actuales en nuestra sociedad pueden ser determinadas en mayor medida por la dieta que consumimos. Evidentemente, también influyen otros factores como la herencia genética o nuestras costumbres y hábitos diários.

Pero es obvio que nuestra dieta se basa en su mayor parte en alimentos refinados. El hecho de refinar un alimento significa someterlo a un proceso especial para su conservación, lo que proporciona una mayor rentabilidad a los productores, un aumento de la oferta comercial y un almacenamiento temporal más largo.

En un producto refinado ha sido alterada su estructura química. Y al modificar esa estructura química del alimento haces que deje de serlo. Pierde un factor muy importante, la relación dieta-nutrientes.

Por ejemplo en el caso de la harina. Normalmente consumimos harina refinada. Y, por tanto, se ven alteradas sus verdaderas cualidades nutricionales. La harina es el ingrediente principal de muchos alimentos que consumimos en nuestro día a día.

Otro ejemplo de alimento refinado es el cloruro sódico o sal común.

Es, con mucho, la substancia más utilizada de entre todos los aditivos alimentarios; sin embargo, su gran tradición en el procesado de los alimentos, incluyendo el realizado a nivel doméstico, hace que no se le considere legalmente como aditivo y que, salvo casos excepcionales, no se limite su uso. No obstante, además de condimento es un conservante eficaz en la mantequilla, margarina, quesos y derivados del pescado. A pesar de lo extendido de su uso, la sal común no es un producto carente de toxicidad y una dosis de 100 g puede causar la muerte de una persona. De hecho, se conocen algunos casos de intoxicaciones accidentales graves de niños muy pequeños por confusión de la sal con el azucar al preparar sus papillas.

El cloruro sódico se encuentra presente en todos los fluídos biológicos, y entre otras funciones, interviene en la formación del jugo gástrico. Es, por tanto, un componente esencial en la dieta. Desde principios de este siglo se discute la posible relación existente entre la ingestión de sal y la hipertensión. En la inmensa mayoría de los casos no se conoce la causa real de esta enfermedad, uno de los factores de riesgo más importantes de los accidentes cardiovasculares, y no está claro en absoluto que una dieta con alto contenido en sal pueda producirla. Sin embargo, una restricción drástica (menos de 1 g/día, frente a los cerca de 10 de ingestión habitual de los paises occidentales) puede colaborar en su mejora. El nivel de ingestión más adecuado se sitúa, por los conocimientos actuales, en torno a los 3 g/día para la población normal, es decir, menos de la mitad de lo que se utiliza habitualmente.

La sal marina, que puede parecer una alternativa a la sal común, actualmente,  no es más que sal común menos refinada, que debe su color a la presencia de restos de algas y de animales marinos. No tiene ninguna ventaja real sobre la sal refinada. En zonas con deficiencias de yodo en el suelo, es recomendable el empleo de sal yodada, que no es mas que sal común a la que se le ha añadido yodo en forma de yoduro potásico.

Como ves, nos hemos acostumbrado, sin darnos cuenta a consumir alimentos refinados. El azúcar, el arroz, la harina, la sal, incluso los aceites que deberíamos consumirlos siempre procedentes de la primera prensión en frío y no refinados…

Y¿qué tienen de malo los alimentos refinados?. Pues como ya te he contado,  la gran cantidad de sustancias como aditivos, colorantes, conservantes y potenciadotes de sabor que son tóxicos y nocivos para nuestro organismo. Además no nos aportan ningun nutriente esencial necesario.

Ingerimos una cantidad excesiva calorías donde las vitaminas y minerales son practicamente inexistentes. También hay que tener en cuenta la carencia de fibra que eso provoca, con lo que nos hace succeptibles de padecer problemas intestinales y un desequilibrio en la flora intestinal.

Creo que tenemos que concienciarnos más como consumidores. Tenemos que encontrar alternativas al mercado consumista. Recuperar la calidad de lo que comemos y la calidad en nuestra vida.

Pienso que lo que es normal no tiene por qué ser lo mejor. Sencillamente, es lo que hace todo el mundo. Pero eso no quiere decir categóricamente que esté bien hecho.

Recuerda hacer lo que te salga de dentro, pero siempre, estando informada.

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La primera parte. Somos lo que comemos. Los conservantes.

La segunda parte. Somos lo que comemos. Los conservantes.

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5 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. María
    Nov 28, 2011 @ 23:17:59

    Genial, Derya, me encantan estos post! Hay que conseguir que esta otra manera de consumir deje de ser rara, y se entienda que no eres marciano, sino una persona que cuida su salud y la de su familia, el planeta…
    Una pregunta… entonces tú no usas sal? o qué sal utilizas?
    Un beso nena, sigue con esta serie de entradas son de lo más útiles! 🙂

    Responder

    • Derya
      Nov 29, 2011 @ 11:19:27

      MARIA, encantada de que te gusten mis palabras!! Todavía tengo pensado unos cuantos artículos más… y ahora que lo preguntas… sí uso sal pero no es sal común… creo que ahí tengo material para otro post que te dedicaré plenamente, te parece?? un gran beso!!

      Responder

  2. Trackback: Somos lo que comemos. Los transgénicos. (Parte 4) « Mamás que miman
  3. Trackback: La alternativa a la sal común refinada. La sal Cristalina del Himalaya. « Mamás que miman
  4. Trackback: Una alternativa al azúcar refinado. El sirope de ágave. « Mamás que miman

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