Leche de almendras

Las bebidas vegetales son una alternativa natural y sana a la leche de vaca.

En esta ocasión he preparado “leche” de almendras. Aunque debería llamarse bebida de almendras pues se considera leche sólo aquel alimento que sale de una ubre.

Las almendras son uno de los frutos secos que más hierro y magnesio contienen.  Diez almendras crudas te aportan más calcio que un vaso de leche de vaca, por lo que es ideal tomarla en etapas de crecimiento, embarazo o lactancia. Es un alimento de facil digestión y por su alto contenido en fibra regula la flora intestinal y la absorción de azúcares y colesterol. También ayuda a regular los trigicéridos.

Vamos con los ingredientes:

1L y 1/2 de agua mineral

200gr de almendras crudas y peladas

Al gusto:

Una pizca de sal

Una pizca de endulzante, si es azúcar (mejor moreno), también se puede usar miel ecológica.

También se puede añadir aroma de vainilla.

Así pues ésta receta se puede preparar de dos formas distintas:

(NOTA: No hace falta dejar las almendras en remojo. Yo lo hice porque leí que al reposar en agua se activan las propiedades. El agua de remojo se tiene que restar del agua total de la receta, así cuando metemos los ingredientes en la batidora el total de agua no varía).

1. Se ponen todos los ingredientes en la batidora y se tritura hasta que no se aprecien trocitos de almendra. Luego se cuela en un colador fino con un paño de algodón dentro para poder apretar bien la pulpa de la almendra y que el colado quede lo más fino posible.

2. Se ponen las almendras bien secas en la picadora hasta que se pulvericen y no se aprecie ningún trozo grande. Una vez pulverizadas se meten en la batidora junto al resto de ingredientse hasta que se haya mezclado homogéneamente.

Y ya tienes una bebida de almendras riquísima para tomar sola o con cereales… incluso puedes batir fruta natural para darle un sabor diferente y enriquecer las propiedades que ya de por sí te aporta.

Bon profit!!!

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Magdalenas de mantequilla con cobertura de fantasía

Una vez más estoy aquí con una receta dulce. Se nota que, aunque me preocupo por la alimentación, no puedo resistirme a unas ricas magdalenas caseras!

Los ingredientes son:

– 115gr de mantequilla sin sal

– 115gr de azúcar super fino

– 2 huevos batidos

– 115gr de harina leudante

– Opcional: bolitas de colores, cerezas confitadas y/o fideos de chocolate para decorar.

Para la cobertura:

– 100gr de azúcar glas

– dos o tres cucharaditas de agua mineral

– colorante alimenticio (no tóxico)

La preparación es facilisima. Procedo mezclar la mantequilla a temperatura ambiente con el azúcar tamizado talqueasí:

Una vez está todo bien ligado, como se aprecia en la última foto, agregamos los dos huevos, uno a uno para que se vayan integrando bien.

Una vez hayas mezclado toda la masa, agrega la harina tamizada. Sigue batiendo hasta que te quede una mezcla lísa y uniforme como ésta:

Ahora ya puedes rellenar los papelitos de magdalena hasta 2/3 de su capacidad.

Hornear a 170º durante 15-20 minutos. Tienes que ir con cuidado pues se hacen muy rápido. Aunque no haya transcurrido todo el tiempo que pone en la receta, si ves que están doraditas ya las puedes sacar. Las dejas enfriar en una rejilla y una vez frias puedes decorarlas con la cobertura.

Para realizar la cobertura sólo tienes que mezclar el azúcar, el agua y el colorante hasta que te quede una pasta manejable y firme. Luego decoramos con lo que más nos guste… Y Bon Profit!!!

Conversaciones con un camaleón.

Ayer estabas radiante. Me regalabas mimos, besos y abrazos desde mi regazo, pegadita a mí en la mochila. Me deleitabas con tu sonrisa y me enamorabas con tu mirada.

Ayer te ví feliz compartiendo una tarde cómplice conmigo. Fuimos a pasear y a merendar. Por el camino, nos encontramos una tiendecita de animales. Soy un poco reacia a que utilicen los animales como reclamo pero ayer, hice una exepción y me paré a mirarlos contigo.

Sé que te gustan. En casa siempre buscas a la gatita para perseguirla, verla saltar o ronronear. Entre todos esos animales, ayer conociste a dos camaleones. Te fascinaron por su rareza. Te quedaste encantada mirándolos y tu mirada se volvió vidriosa, como si estubieras pensando cómo hacerte entender por ese ser que jamás habías visto antes. Querías decirle algo y no sabías qué…

De repente, tus ojitos brillaron. Habías encontrado las palabras adecuadas: “Qué tal?”

Gran carjacada la mía!! Qué soprendente eres!! Eres capaz de congelar un momento con chispa en mi memoria tan sólo con un gesto o una palabra inesperada!! Jamás antes habías pronunciado ese saludo. Estoy segura que lo estarías guardando para un momento especial como éste!

Evidentemente el camaleón no te respondió. Por lo menos en forma audible. Pero, en ese momento,  yo sentí que jamás podría quererte más!!!

Mi embarazo. Un descubrimiento revolucionario.

Descubrir que estaba embarazada fue revolucionario. No sólo mis sentimientos estaban alborotados y puestos a prueba, sino ahora, mi cuerpo también se descubria y se abandonaba, gustoso, al cambio.

Descubrir que ese deseo tan profundo de ser madre había gestado una nueva vida en mi interior fue revolucionario. Un sentimiento indescriptible de amor incondicional se filtraba por cada poro de mi piel. Ya hacía tiempo que amaba a ese ser que estaba creciendo dentro de mí. Incluso antes de que llegara.

Me descubrí más radiante que nunca. Descubrí que había un nuevo YO dentro de mí. Mi YO maternal floreció en una explosión de sensaciones increibles.

Deambulaba en un mundo paralelo donde nada ni nadie era capaz de alcanzarme.  Me sentía diferente y la misma al mismo tiempo.  Era un estado de felicidad consciente y constante. Tiempo después descubrí que, en parte, ese estado se debía a las hormonas que revoloteaban por mi piel las que me producían aquel estado de embriaguez emocional.

Así que me dejé fluir en ese sentir de madre. Conecté con ese bebé que estaba creciendo dentro de mí y desconecté de todo lo demás.

Disfruté de mi embarazo de un modo inimaginable. Me encantó ver crecer a ese ser tan deseado. Lloré al sentir tu primer aleteo. Unas burbujitas imperceptibles y tímidas al principio, y un torbellino podo tiempo después! Lloré la primera vez que respondiste al nombre cariñoso que te dí “mi cariño chiquito”… Dulces palabras que aprendiste a reconocer y a responderlas con caricias entrañables que nunca olvidaré.

Lloré la primera vez que te vi, a través de las ondas y las lágrimas… Eras mi lentejilla. Cómo algo tan pequeño podía desencadenar unos sentimientos tan grandes?? Me sorpendiste entonces y me sigues sorprendiendo ahora!

Me enternezco al recordar todas las conversaciones que mantuve con mi tripita incipiente. Hija mía, sabía que mis sentimientos te alimentaban de la misma manera que lo hacía mi cuerpo. Sabía que mi felicidad era la tuya.

Lloré muchas veces en esos escasos nueve meses. Pero han sido las lágrimas más dulces que he derramado jamás.

No me costó nada sentir mi cuerpo crecer y adaptarse a tí. En cierto modo era como irnos conociendo, creciendo y acomodándonos juntas. Sentirte dentro, sentirte madurar en mi interior ha sido una experiencia única que me ha transformado para siempre. Ser madre ha sido y es toda una revolución que empezó justo en ese instante en el que llegaste a mí.

Pero todavía no era consciente del poder ancestral que esconde el cuerpo de mujer. Todavía había una parte instintiva de mi que seguía dormida. Aguardando a que algo o alguien viniera a sacudirla y despertarla de una vez por todas.

Galletas de avena, chocolate y avellanas

Hoy traigo otra recetita para endulzar el fin de semana.

Es una receta muy rápida, sencilla y riquísima.

Voy con los ingredientes:

– 85gr de mantequilla

– 175gr de crema de cacao con avellanas

– 175gr de copos de avena

– 75gr de avellanas en trocitos

 

Y continuo con la preparación: Se derrite la mantequilla y el cacao a fuego lento hasta que se haga una masa homogénea. Una vez se ha templado un poco se añade la resta de ingredientes. Se mezclan bien… y se hacen bolitas que voy poniendo en la placa del horno (precalentado a 180 grados) y en 10 minutos están listas!!!

Sencillísimo y deliciosas!!!

Qué te ha parecido? Te vas a quedar sin probarlas? ^_^

 

Una alternativa a la sal común refinada. La sal Cristalina del Himalaya.

En su día te comenté acerca de los efectos acumulativos, mutágenos o cancerígenos de los aditivos alimentarios y todos sus tipos.

También te he hablado sobre  los pros y los contras de una dieta basada en alimentos refinados. Uno de esos refinados que usamos en nuestro día a día es la sal común. Tal como te conté:

Es, con mucho, la substancia más utilizada de entre todos los aditivos alimentarios; sin embargo, su gran tradición en el procesado de los alimentos, incluyendo el realizado a nivel doméstico, hace que no se le considere legalmente como aditivo y que, salvo casos excepcionales, no se limite su uso. La sal común no es un producto carente de toxicidad.

Usando la sal de mesa común obligamos a nuestro cuerpo a aceptar un elemento alterado químicamente, lo que hace que gaste energía y pierda agua intracelular en el intento de asimilarla como nutriente.

Ese exceso de fluidos en los tejidos del cuerpo puede provocar:

· La antiestética celulitis

· Reumatismo, artritis y gota

· Piedras en los riñones y en la vesícula biliar

La sal marina, que puede parecer una alternativa a la sal común, actualmente,  no es más que sal común menos refinada, que debe su color a la presencia de restos de algas y de animales marinos. No tiene ninguna ventaja real sobre la sal refinada.

Así que por eso voy a hablarte sobre la Sal Cristalina del Himalaya como alternativa saludable a la sal común.

Ésta sal proviene, como su nombre indica, de las montañas del Himalaya. Allí ha sido preservada durante millones de años de cualquier tipo de manipulación o alteración quimica. Esa sal que se ha acumulado en las montañas, allí donde antes hubo mar y eso la convierte en una sal pura y sin refinar que no contiene contaminantes medioambientales y que se ha preservado a lo largo del tiempo, inalterada.

Se ha comprobado que demás de los numerosos minerales traza contiene potasio, calcio y magnesio que ayudan al cuerpo a alcanzar el equilibrio restaurando fluidos.

Me da tranquilidad saber que la sal que consumo es totalmente respetuosa con el medio ambiente y con mi propio cuerpo.


Mi positivo. Dos vidas en una misma piel.

Y ahí estaba yo, con todo ese sentimiento maternal que se me escapaba de las manos. Con esa lucha interior que se debatía dentro de mí.

Ahí estábamos los dos. Mi pareja y yo. Emocionados. Pues compartíamos un secreto. Guardábamos algo que era sólo nuestro. Decidimos iniciar nuestra búsqueda en el más absoluto silencio, sin compartirla con nadie más. Queríamos sentirnos libres, sin presiones.

Y fue precioso. Eran momentos cómplices. Sabíamos que compartíamos un acto de amor, pero un amor más puro que nunca, pues de ese momento nacería una nueva vida.

De repente todas nuestras conversaciones acababan en un “te imaginas? con un bebé pequeñito en brazos?” “te imaginas? cuando te diga papá?” “te imaginas? cuando sonría por primera vez?”

De repente me descubrí, con sorpresa, mirando el vientre abultado de otras mamás y preguntándome que és lo que estarían sintiendo en ese momento. Anhelaba estar embarazada. Sentía un deseo profundo desde mis entrañas.

Al finalizar el primer mes desde que tomamos la decisión de ser padres empecé a ponerme nerviosa. Veía sintomas donde no los había. Leí y leí enbusca de los famosos síntomas de embarazo… Y tan pronto creía reconocerlos como pensaba que los estaba confundiendo en mi afán por ser madre.

Ahora sé que en ese momento mi instinto me desgarraba por dentro. Quería salir, por primera vez, y gritarme que algo había cambiado en mi interior, que ya no era la misma. Pero en aquel momento no quise escuchar a esa voz. Escuché a mi razón que me decía que era muy pronto para haberme quedado embarazada. Apenas acabábamos de empezar!

Así pasaron los días. Pero no conseguía desprenderme de esa sensación de constante nerviosismo. Por las noches no dormía. Y si el sueño venía a buscarme, me paseaba por las imágenes más estrambóticas y los decorados más caóticos que haya soñado jamás! Era un sueño intranquilo.

Ya no podía más. Tenía que saber si ya éramos tres. Me hice la prueba. Esos fueron los dos minutos más eternos que he pasado en la vida. Agarrada, con fuerza, a mi pareja… yo no era persona, era puro sentimiento… Ese negativo me zarandeó con fuerza. Algo se rompió dentro de mí. Qué desilusión! En algún momento había albergado la esperanza de llevar vida dentro de mí. Es más, algo me decía que así era… Pero los hechos eran clarísimos: Negativo.

Al cabo de una semana, ese murmullo que nacía de lo más profundo cada vez se hacía más fuerte. Llegó a convertirse en un clamor constante. Era imposible ignorarlo. Por primera vez cerré los ojos y me escuché, conecté conmigo misma. Sentía una nueva vida dentro de mí. Estaba ahí, hablándome en lo más profundo, desde mi vientre de madre.

El día de mi cumpleaños, fui a por otro test de embarazo. Ésta vez, haciendo caso a mi instinto. Otros dos minutos en los que creía morir… Negativo… Cómo era posible? Ya no podía creer en mí… Mis ganas de ser madre me habían conducido a un espejismo. Volví a mirar ese negativo. Fue por casualidad. Fue fugazmente. Algo había cambiado. MI POSITIVO PRECIOSO!!!! El único regalo que realmente deseaba!!!

Aún a día de hoy no sé si lo miré mal la primera vez, hecha un mar de nervios. O si tardó más en salir el positivo. Lo que si recuerdo es una explosión emocional tan grande que brotaba de mis ojos en forma de lágrimas, se arremolinaba en mi estómago en forma de mariposas y se paseaba por mi piel en forma de temblores.

Así me encontró mi pareja. Vino hacia a mí, corriendo, preocupado. “Qué te pasa, mi amor?” me dijo entonces. Aún temblando y emocionada le cogí la mano. Le abrí la palma y la deposité en mi vientre fecundado. Le miré a los ojos y sonreí. Por fin, dos vidas en una misma piel.

La doble búsqueda

Una vez se desató la tempestad maternal en mi interior quise ponerme a cubierto de tantas emociones incontrolables. De hecho, no lo conseguí. Esa espiral de sensaciones maternales me dibujaban un camino lleno de color… pero también lleno de sombras…

Afloraron las dudas. Dudas sobre mi fertilidad. Dudas sobre cómo ser una buena madre. Dudas sobre cómo educar. Dudas sobre si biberón o pecho. Preguntas y más preguntas a las que intentaba desesperadamente buscar respuesta. Me costó mi tiempo reconocer que eran preguntas inevitables, sí, pero inútiles. Esas preguntas acallaban mi voz interior y silenciaban mi instinto de madre. Pero entonces, yo no lo sabía y seguía buscando respuestas a todo como si así pudiera controlar esta nueva vida a la que recien me asomaba.

Afloraron los miedos. Y resurgieron recuerdos infantiles. Miedo y dolor por el pasado… Miedo a transmitir esas vibraciones a mi bebé aún sin concebir pero que ya sentía como mío. Mi peor temor era herir en modo alguno el alma pura de ese ser que estaba por venir. Era (y es) algo imperdonable para mí.

La sensación liberadora de ser madre me enfrentaba a mi niñez y a mi pasado y me empujaba tímidamente a un futuro con sensaciones encontradas. Sentía ilusión por formar una familia pero también miedo a no saber hacerlo, miedo emocional. Un temor que hundía sus raíces en un suelo turbulento y se alimentaba de antiguos rencores infantiles…

Qué duras sensaciones. Qué complejidad de matices emocionales y qué dificil ser sincera conmigo misma! Pero tenía claro que debía sanar esas heridas abiertas y que no iba a ser camino facil. Aún a día de hoy sigo curándolas poco a poco, con mucha paciencia.

Me encontraba en una búsqueda paralela. Como mujer daadora de vida quería concebir. Como mujer imperfecta quería encontrar y enfrentarme a esos errores del pasado. Quería aprender a no proyectarlos en el futuro.

Sé que la búsqueda de una nueva vida pasa por reconstruir la mía propia. Sé que la búsqueda empezó en ese momento y todavía hoy persigo a esa madre completa que quiero ser. Esa madre fuerte y completa.

Toda mujer debería emprender su camino como madre libre de culpas, limpia en su dolor y pura en sus emociones. Sin rencores del pasado. Sólo así podría ser la madre instintiva y arcana que el bebé necesita para alimentarse y nutrirse emocionalmente. Sólo así una madre puede brillar en todo su explendor. Y qué dificil tarea… Sospecho que me va a faltar tiempo en ésta vida… y en la próxima, si la hubiera…

Sólo quedaba hablar con mi pareja. Le conté mis emociones. Le hice sentir todo ese torbellino que había en mi interior. El necesitó su tiempo para asimilar esa transformación en mi, pero llegó el momento en que estuvo listo, él también quería ser papá.

Ya estábamos preparados.

Y de un día para otro… sin saberlo, ya éramos tres…

Un nuevo premio y una nueva ilusión!

Laura, de Vida y milagros de una embarazada novata me ha regalado éste nuevo premio. Feliz por haber pensado en mí, lo recibo cordialmente y lo comparto con mis Mamás que miman!

Laura ha sido mamá recientemente, pero en el tiempo que hace que la conozco, sé que siempre ha tenido un corazón de madre! Me siento más fuerte al compartir mi camino con mamás como ella! Así que “GRACIAS POR TU AMISTAD!!”.

Seguidamente, voy a contestar las preguntas que ella me ha formulado:

1.- ¿Cuál ha sido el momento más importante de tu vida?

Pues sin duda alguna el momento en que mis manos acogieron a mi hija justo en el momento que salía de mí.

2.- Si tuvieras que estar en una isla desierta, ¿qué tres cosas te llevarías?

Muchas veces me he hecho esa pregunta. La maternidad me ha otorgado la respuesta: a mi marido, a mi hija y a mi misma… creo que sólo con ellos me sentiría completa en cualquier lado!

3.- ¿Cuál es tu libro preferido?

Ésta es un poco más difícil. Me encanta leer y me gustan muchos libros. Pero el que me liberó de mis sentimientos encontrados y me permitió ser la madre que siempre he querido ser sin remordimientos fue Comer, Amar, Mamar de Carlos Gonzalez.

4.- ¿Cómo te ves dentro de unos 10 años?

Dentro de diez años? Me encantaría estar rodeada, al menos de dos amores más… Y alejada del mundanal ruido…

5.- ¿Cuál es tu profesión frustrada?

Mi profesión frustrada es indudablemente la de Bióloga. Con el tiempo cambié de idea acerca de “ayudar” a los animales. Me dí cuenta que el ser humano necesita mucha más ayuda!

Y ahora… en el premio “Gracias por tu amistad” me toca formular cinco preguntas y otorgar el prémio a cinco blogs que deben responderlas. Ésta es la parte más difícil…

1. Cuál es la frase que te recuerdas con frecuencia?

2. Qué te ha aportado la maternidad?

3. Cuál es el momento inolvidable que tu hijo/-a te ha regalado?

4. Qué te ha quedado pendiente por hacer y sinembargo te encantaría?

5. Cuándo te diste cuenta que ya no eras una niña?

A ver si así conozco un poquito más a…

1. Carol de Con ojos de madre.

2. Magia de Crianza corporal.

3. Gema de Como una manada.

4. María de La familia Garrapata.

5. Carol de Nuestra pequeña cría.

También me gustaría que me respondiera (extraoficialmente ya que el premio se debe repartir a 5 blogs O_=) Marta de Bebés sin parabenes y Carol de Minerva y su mundo…

Ya podéis venir a recoger vuestros premios!!

Ser madre, antes de serlo

Siempre he sabido que he nacido para ser madre. Todo lo que he decidido en esta vida ha sido en base a esa sensación de ser madre, antes de serlo.

Paradógicamente, nunca parecía llegar el momento “adecuado”. Siempre había algo que aprisionaba mi alma y postergaba el momento decisivo.

Siempre mandaba la razón sobre las emociones. “Ahora no, no es el momento”, “Mejor cuando termine los estudios”,  “Quizà más adelante, cuando tenga trabajo estable”… Y así un sinfín de escusas autoimpuestas que no hacían más que retardar mi maternidad.

Pero un día como cualquier otro, algo cambió en mí. Esas excusas que deambulaban como nuves negras se desintegraron, pues mi reloj biológico me gritaba, me arañaba las entrañas y se abría paso a través de mi piel.

De repente, una luz debastadora las pulverizó cualquier duda, razonable o no… Nada importaba. Nada me parecia coherente. Pero me llené de esa sensación de amor que clamaba por sentir una vida en mi interior.

De repente, una sensación sin nombre me pedía a gritos ser madre. Con urgencia. Sin importar condición  ni situación alguna.

Mi cuerpo quería sentir la revolución. Mi cuerpo quería amar sin condiciones. Mi cuerpo quería dar vida.

Y así fue. Me rendí a ese instinto primario. Me dejé abrazar por esa sensación de paz y tranquilidad…

Sabía que mi hija me había elegido… Sabía que ella quería venir a mí… Ya estábamos listas, ambas, ella y yo para crecer!

Y así fue como me zambullí en esa melodía silenciosa y acompasada que resultó ser para mí la maternidad.

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