Sant Jordi y el Dr. DeVill

Érase una vez, en una ciudad perdida en algún lugar del mundo vivían dos mamás mimosas con sus dos preciosos soles. Las dos mamás distintas en apariencia pero con el mismo corazón, lleno de amor y dulzura. Las dos pequeñas lucen sus melenas de oro, la una lácio y brillante, la otra con preciosos rizos de luz.

Era un un día de leyenda. Un día en el que el caballero vence al dragón y recoge de su sangre una preciosa flor, una rosa, que posteriormente regala a su princesa.

Ese día paseaban esas dos mamás con sus dos bonitas flores por una larga calle adornada  con el olor a libro por doquier y salpicada del rojo intenso de las rosas.

Las pequeñas miraban curiosas todo aquel despliegue literario. Embelesadas por los colores, las formas y las letras.

De repente, un libro llama la atención de una de las mamás. Le impacta su tono imperativo y el signo de esclamación al final de dos palabras… “A dormir!” Gritaba el título. Y a esa mamá le dolió el corazón al leerlas… Y los ojos al descubrir el nombre su conocido, que no admirado, autor. Ese libro era como el dragón del cuento… acechando en la sombra… pero imponente!

Rápidamente esa mamá llama la atención de la otra, que al mirar el libro mencionado rápidamente se sienten conectadas la una con la otra, cómplices en sus emociones.

La tendera rompe el hechizo con una voz suabe:

– Hay! Éste libro va muy bien! Yo lo he probado y funciona!

Las mamás mimosas vuelven a mirarse sorprendias.

La señora nota esa mirada silenciosa y intenta romper la tensión:

– Es que con mi primer hijo no quise que el dormir se convirtiera en un problema. Y antes de que se malacostumbrara, por miedo, lo puse en práctica… – las mamás siguen mudas y asombradas, a lo que la mujer prosigue, como defendiéndose de una acusación silenciosa que nadie ha pronunciado- Total sólo lloró los primeros días y luego todo fué fenomenal…

Parecía una princesa en la torre más alta del castillo… esperando a ser salvada y encontrar, al fin, la libertad que su alma buscaba… El príncipe azul representaba la aceptación de sus actos… Ese príncipe azul que no llegó…

Aquí la mamá que avistó el ejemplar ya se había recompuesto del impacto que aquellas palabras le estaban causando, y respondió:

– Cada una hace en su momento lo que cree más oportuno para sus hijos. Ninguna madre quiere herirlos conscientemente. Eso sí, yo soy incapaz de oír llorar a mi hija y no acudir a consolarla.

A lo que la mujer contesta:

– Claro! En realidad, con mi segundo hijo no apliqué el método y durmió igual de bien!

La mujer se había puesto nerviosa pues en las palabras de aquellas madres no encontraba la aprobación que buscaba por haber dejado llorar a un hijo premeditadamente sin prestarle el calor y la piel que el bebé necesitaba. Era una princesa sin su príncipe… una princesa perdida y rota por dentro.

La mamá que había hablado notaba ese dolor, estaba en el aire. Con sus palabras no estaba juzgando a esa madre herida, sencillamente estaba hablando con el corazón. Era su alma vibrante quien hablaba y su voz, era dulce y amorosa.

No había sentencia, ni juicio en sus palabras. Tan solo una sensación profunda de apego y protección hacía un bebé que nos necesita y que lo hace saber con lágrimas cargadas de dolor.

La madre, inquieta, se preguntaba: “Qué más necesitamos que haga ese bebé para arruyarlo entre los brazos??”.

Por la noche, esa mamá se acordó de la princesa. Sintió que por ésta vez, el principe azul no había aparecido en el momento que aquella mujer tanto deseó. Esa mamá deseó que sus palabras cargadas de comprensión y sinceridad significaran una gran rosa, roja y hermosa en el corazón de aquella princesa.

Y… colorín colorado, éste cuento se ha acabado.

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8 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. mipequenokoala (@mipequenokoala)
    May 02, 2012 @ 12:14:12

    Cuantos niños se sentiran asi todas las noches??? a mi me resulta impensable oir llorar a la gordi y no acudir a consolarla… Una suerte para esas dos pequeñas tener unas madres asi de mimosas…

    Responder

    • Derya
      May 03, 2012 @ 10:07:39

      María gracias bonita! Sé que hay muchas madres que todavía tienen que aprender a escucharse! Espero que comentarios como ese le hagan darse cuenta de ello!!! Muaks!

      Responder

  2. Zulema
    May 02, 2012 @ 12:51:04

    Derya preciosa!!! Esa clase de libros han causado mucho dolor. Pero está claro que cada uno debe tener un mínimo de sentido común para saber lo que aplica o no en sus vidas…. me apena por esos bebés que aún hoy en día siguen llorando solitos en la noche. Mil besos

    Responder

    • Derya
      May 03, 2012 @ 10:09:14

      Si Zulema… tienes razón! Lo triste es que a veces el sentido común se traduce a “qué dirá la gente?” y por culpa de ello dejamos de hacer caso a lo que realmente sentimos.

      Responder

  3. Meritxell
    May 03, 2012 @ 21:40:16

    Derya, que manera mas dulce de explicarte, y muy oportuna por la cercanía de la diada, poco a poco con nuestros actos vamos haciendo mas extensa la tribu. A estas mamás les falta tener a otras mamas que les muestren mejores maneras de hacer y les apoyen para que no se sientan solas. Un abrazo, por cierto, soy Meritxell 😉

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  4. Mamá colibrí
    May 08, 2012 @ 23:19:11

    En todos los cuentos hay príncipes y princesas, brujos y hechizos…y en algunos puede haber un final feliz. Si sigues lo que dicta tu corazón hallarás el camino correcto.
    😉

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    • Derya
      May 11, 2012 @ 09:41:34

      Mamá colibrí qué acertadas tus palabras… pues siempre he creído que el corazón te dice a dónde ir y la razón te dice cómo!!! Un besote!!

      Responder

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