BLW o el arte de comer como papá y mamá

Hacía tiempo que deseaba compartir nuestra experiencia en la introducción de la AC y considero que no hay otro lugar más adecuado para ello, abrazada por aquellas personas que lo vivieron día a día.

Nosotras mantuvimos la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, pasamos todo el día juntas (y la noche) por lo que ella ha mamado siempre a demanda, según sus necesidades, sin atender a tiempos, ni para ofrecer ni para cambiar de pecho. Ella elegía y yo la dejaba hacer, porque rápido comprendí que ella sabía mucho más que yo al respecto. Ella mantenía sus instintos intactos mientras los míos estaban adormecidos por décadas de suplir y modificar conductas femeninas que florecen desde lo más profundo de nuestra esencia.

Cuando nos aproximábamos a la fecha, comencé a interesarme por la AC. Aunque leía todo aquello que caía en mis manos, porque nunca ocupa lugar y considero que enriquece comprender distintos aspectos de un mismo tema, lo cierto es que me fui alejando de los folletos clásicos del centro de salud que recomendaban la papilla de frutas con zumo de naranja a media tarde y los cereales por la noche. No recuerdo dónde lo leí por primera vez, si fue en “Mi niño no me come” de Carlos González o fue un poco antes pero, una vez más, caí rendida por la lógica aplastante de algo que, a mi parecer, debía ser más natural.

¿Para qué iniciar el camino de los triturados cuando la finalidad es que acabe comiendo los alimentos tal cual? ¿No sería más sencillo evitarnos, directamente, el paso de la teta a la cuchara y de la cuchara al tenedor? Lo comprendí al instante y busqué algo más de información acerca del orden de introducción de los alimentos y sobre cuáles era preferible retrasar. Sobre la técnica en cuestión, no lo encontré necesario, es clara y no precisa de ningún truco, sólo confianza, sentido común y perder el temor sin ser temerario. Es decir, adaptar la introducción de los alimentos potencialmente alergénicos a la edad del bebé y evitar aquellos con alto riesgo de asfixia, como por ejemplo la manzana o la zanahoria cruda en trozos, las pieles o los huesos, que pueden resultar difíciles de manejar en una boca con escasos dientes o sin ellos.

Una vez cumplidos los seis meses, comenzamos preparando gachas de arroz y polenta con sus grumitos y ofreciendo tortitas de arroz que devoraba, para continuar introduciendo el plátano tal cual, a veces chafado y a veces no, ella prefería tomarlo de mi mano a suaves mordisquitos con sus encías,  o cogerlo con sus dos manitas “a lo monkey”. Pasamos rápido al pollo para ayudar con el aporte de hierro, puesto que sus reservas podían comenzar a flaquear en cualquier momento. Quedé sorprendida cuando poco después, echó mano de un filete, lo maceraba en su boca, con sus encías y lo ablandaba con saliva hasta poder tragarlo, ella solita. Sin trocear, sin triturar, sin atosigarla.

No voy a negar que esta aventura supone cierta tensión, temes que se atragante hasta que vas comprobando que, generalmente, lo resuelve sin mayor problema. Esto no quiere decir que puedas despreocuparte, es importante mantenerse presente y atenta, no sólo por precaución si no por hacer la  experiencia más enriquecedora.

También te asaltan dudas porque, lógicamente, las porciones que ingiere a este ritmo y por su propia voluntad no se asemejan ni de lejos a las que contiene cada una de las papillas, con todos sus gramos contaditos… Pero para algo esto es lo que es, una alimentación complementaria, y todo lo que suponga comer por voluntad y haciendo uso de su cuerpo y medios ya es más que  complementar.

Reconozco que los principios son desconcertantes, casi cualquiera se siente con derecho a opinar o cuestionar. Sin embargo ahora, cuando come prácticamente lo mismo que nosotros, cuando no es necesario enmascarar la verdura, el pescado o las legumbres, cuando conoce el sabor, el olor y la textura de la zanahoria, la cebolla, el brócoli o la ternera, todo el mundo se sorprende de lo bien que come, sin saber que no es tanto una cuestión de suerte sino de adaptación, de vivir los cambios con naturalidad, de no subestimar al bebé por nuestros miedos, nuestras prisas o nuestra falta de confianza en nosotros mismos. Por no creer que nuestra leche, o la leche de fórmula, sigue alimentando hasta el año más que cualquier papilla de frutas. Por no permitir que el niño experimente, toque, saboree, aplaste, conozca las texturas, sus sabores, sus posibilidades. Por no dejar que use sus manos para comer, que se sirva solo, que tome el postre antes del plato principal si así lo desea, sin imponerle horarios ni ciertas reglas que el bebé es incapaz de asimilar aún, por emperrarnos en que se acabe el plato, en que no se ensucie, etc. Porque tal vez nos sorprendan,  como nos ha ocurrido muchas veces, que alarga la mano y come sin ninguna presión un filete de pollo enterito tras media tajada de melón o de pronto un día decide tratar de atrapar algo con su cubierto, simplemente porque observa que así lo hacen papá y mamá y no porque sea lo que debe hacer. Lo que sí tengo claro es que las prisas no benefician en absoluto esta adaptación y aquí, de nuevo, nos topamos con que el ritmo de vida actual no se corresponde con nuestro ritmo natural.

Hace ya tiempo que en casa hemos adaptado un poco nuestros menús para comer todos llo mismo, a la vez, sentados los tres a la mesa. Aún faltan por introducir algunos alimentos, como la miel, los frutos secos o la sal, ya sazonamos nuestros platos una vez servidos si lo creemos oportuno.

Y son momentos de conexión, agradables, de comunicación, de compartir, de reír, sin presiones, sin amenazas… Nos mantenemos atentos, llevando cierto control de lo que come y nunca ha hecho falta preocuparnos, porque nos ha demostrado que no ha perdido esa capacidad para nutrirse según sus necesidades y compensa días que apenas prueba bocado con otros que devora, sin encontrar relación con los platos servidos esos días. Porque come libre, porque siempre ha comido como una más de la familia. Por supuesto, tras 18 meses, esta es sólo nuestra experiencia y no es mejor ni peor que otras tantas similares o completamente diferentes, pero nosotros nos sentimos muy felices y satisfechos con el camino tomado y eso, al fin y al cabo, es lo más importante.

 

Aún conservo algún folleto en pdf, si alguien está interesado puede contactar en: buceandoenmi@yahoo.es

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Gracias

No podría comenzar esta aventura de otro modo…

Gracias, por todo lo bueno que aportáis a mi vida desde que nos conocemos. Miro hacia atrás y hace ya un año que compartimos nuestro día a día. Maravilloso año.

Gracias, por entrelazar nuestras dudas y hacernos fuertes unas a otras. Por sentirme escuchada, por no juzgarme, por permitir que entre y salga según venga el viento.

Gracias, por hacer que sienta a vuestr@s hijos muy cerca, que celebre cada pequeño avance que hacen, cada nueva sonrisa que con fotos nos contamos. Por dejar que, desde la distancia, ya les quiera y les cuide.

Gracias, por conocer así vuestros rostros también, todas tan hermosas, tan diferentes y tan iguales. Mujeres sencillas, mujeres latentes, mujeres únicas.

Gracias, por tantas risas robadas, por vuestras ocurrencias, porque jamás os he visto perder el respeto ante nada ni nadie, a pesar de las críticas y de algún momento difícil que hemos compartido. Gracias por este ejemplo de entender la vida.

Gracias, por contar conmigo en este proyecto. Debo ser sincera y, lo cierto, es que siento cómo si aún no formase parte. Trataré de aportar algo de mí, pero como ya sabéis, hace unos meses emprendí el camino de un blog personal, Buceando en mí, y temo no dar para todo. Allí abro mi corazón y mi alma y es algo que cuido y hago, lentamente, con muchísimo amor. No deseo hacerlo de otra forma aquí, esto también es algo para mimarlo, pero no puedo desdoblarme… (Bastante tengo con tanto nick, que me va acabar causando una crisis de identidad al no poder unificarlos. Ya no sé si soy Cocolina, Coliflorcita, Coco-Colo, Colo-Coco, Coloflorchi… o sencillamente yo, Colo).

Con esto no sólo deseo daros las gracias por toda la ilusión que depositáis aquí y por darme unas llaves, sino también, disculparme de antemano porque sé que mi ritmo será muy diferente al vuestro.

Deseo que disfrutéis de esta experiencia, porque es maravillosa y os siento ya desplegar las primeras alas…. ¡Ooooooh, sensación mágica de libertad! Y me emociono al leeros así. Deseo que encontréis en este camino nuevas amistades, porque se crean lazos preciosos, y de pronto te descubres pensando en otras mujeres, en sus hij@s, sus familias, sus situaciones, sus inquietudes y les envías calor y amor desde el silencio… Estoy convencida de que esto es algo recíproco porque, a veces, siento que me llega esa sensación no sé de dónde y quiero pensar que alguien se acuerda de mí con cariño…. ¿Loca? No, enamorada de esta red que tejemos en un ciberespacio que da cabida a todo, todito, lo que deseemos volcar, directamente, desde nuestros corazones.

No puedo deciros más, que me siento orgullosa de vosotras, que os quiero y, una vez más  GRACIAS

 

 

 

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