Ahora, tendrás que dejar de dar el pecho!!!

Nada me sorprendía ya a éstas alturas.

Después de 27 meses de lactancia materna y ahora florenciendo en mí una nueva vida, estos comentarios son la mínima expresión del profundo desconocimiento que se tiene sobre la lactancia y su continuidad a lo largo del tiempo.

Lo curioso es que esta ignorancia no proviene únicamente de personas desinformadas de a pié sino incluso de profesionales titulados al cuidado de los propios bebés o niños.

Hay que reconocer que es dificil, aunque debería ser lo natural, ver a mamás amamantando más allá de la media española (que si no recuerdo mal se situa alrededor de los tres meses). Por tanto estoy acostumbrada a miradas de asombro o a preguntas tímidas… y sobre todo a preguntas que por desconocimiento suelen ser desafortunadas.

Así que una vez dada la noticia sobre mi segundo embarazo empezó un goteo contínuo, no de preguntas, sino de afirmaciones sin sentido o sin fundamento referentes a si debo o no continuar la lactancia con mi hija ahora que estoy embarazada.

Pues bien, para empezar:

Escuchadme bien. Ésta decisión es única e intransferible. No depende de vosotros, de vuestra insistencia o de vuestra tozudez. Es una decisión que únicamente nos atañe a mi hija y a mí. Y si a nosotras no nos importa, ni nos molesta, ni nos planteamos dejar la lactancia materna… por qué, con todos mis respetos, debería importaros a vosotros?

Asi que NO! AHORA, NO TENGO QUE DEJAR DE DAR EL PECHO.

Para continuar, sepais que no nos perjudica, no pierdo en salud, no daño al bebé que llevo en mi vientre.

Al contrario. Fortalezco el vínculo de seguridad con mi hija. Le aporto alimento, calor y bienestar. Del bebé no os preocupéis, obtiene todo lo que necesita a través de mí. Y una vez nacido, si mi hija sigue tomando pecho compartiran un fuerte lazo y un vínculo especial a la par que mágico.

Así que NO! AHORA, NO TENGO QUE DEJAR DE DAR EL PECHO.

Y para finalizar, te hablo directamente a tí. Seas madre primeriza o no. Hayas pensado en amamantar o no. Te hablo emocionada, casi temblorosa. La lactancia materna es vida en estado puro. Se adapta, cambia, fluye…  Da vida.

La lactancia materna no tiene horario. Olvídate del reloj, de los tiempos. El pecho se da a demanda, como se dan los besos. No cada dos horas o cada tres. Eso no es a demanda, eso es cada dos horas o cada tres.

La lactancia no tiene un lugar, ni unas reglas. Se dá en cualquier parte cuando y donde el pequeño lo necesite.

La lactancia es infinita en todos los sentidos. Aporta mucho más que alimento y no tiene fecha de caducidad.

Mamá, no dudes de la sabiduría de tu cuerpo. No dudes de la sabiduría de esa personita que tienes en brazos o llevas en tu vientre. El vínculo y la lactancia es vuestra. Deja atrás prejuicios y malos juicios… Adáptate, cambia y fluye!!!!! Llénate de vida y regala vida!!!!!!

Asi que NO! AHORA, NO TENGO QUE DEJAR DE DAR EL PECHO !!!!!!!

Con mi experiencia personal me uno al día mundial de la LACTANCIA MATERNA!!!

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Si tienes dudas, ínformate!!!

http://www.bebesymas.com/lactancia/se-puede-dar-el-pecho-embarazada

http://albalactanciamaterna.org/lactancia/lactancia-materna-durante-el-embarazo-y-en-tandem

Sant Jordi y el Dr. DeVill

Érase una vez, en una ciudad perdida en algún lugar del mundo vivían dos mamás mimosas con sus dos preciosos soles. Las dos mamás distintas en apariencia pero con el mismo corazón, lleno de amor y dulzura. Las dos pequeñas lucen sus melenas de oro, la una lácio y brillante, la otra con preciosos rizos de luz.

Era un un día de leyenda. Un día en el que el caballero vence al dragón y recoge de su sangre una preciosa flor, una rosa, que posteriormente regala a su princesa.

Ese día paseaban esas dos mamás con sus dos bonitas flores por una larga calle adornada  con el olor a libro por doquier y salpicada del rojo intenso de las rosas.

Las pequeñas miraban curiosas todo aquel despliegue literario. Embelesadas por los colores, las formas y las letras.

De repente, un libro llama la atención de una de las mamás. Le impacta su tono imperativo y el signo de esclamación al final de dos palabras… “A dormir!” Gritaba el título. Y a esa mamá le dolió el corazón al leerlas… Y los ojos al descubrir el nombre su conocido, que no admirado, autor. Ese libro era como el dragón del cuento… acechando en la sombra… pero imponente!

Rápidamente esa mamá llama la atención de la otra, que al mirar el libro mencionado rápidamente se sienten conectadas la una con la otra, cómplices en sus emociones.

La tendera rompe el hechizo con una voz suabe:

– Hay! Éste libro va muy bien! Yo lo he probado y funciona!

Las mamás mimosas vuelven a mirarse sorprendias.

La señora nota esa mirada silenciosa y intenta romper la tensión:

– Es que con mi primer hijo no quise que el dormir se convirtiera en un problema. Y antes de que se malacostumbrara, por miedo, lo puse en práctica… – las mamás siguen mudas y asombradas, a lo que la mujer prosigue, como defendiéndose de una acusación silenciosa que nadie ha pronunciado- Total sólo lloró los primeros días y luego todo fué fenomenal…

Parecía una princesa en la torre más alta del castillo… esperando a ser salvada y encontrar, al fin, la libertad que su alma buscaba… El príncipe azul representaba la aceptación de sus actos… Ese príncipe azul que no llegó…

Aquí la mamá que avistó el ejemplar ya se había recompuesto del impacto que aquellas palabras le estaban causando, y respondió:

– Cada una hace en su momento lo que cree más oportuno para sus hijos. Ninguna madre quiere herirlos conscientemente. Eso sí, yo soy incapaz de oír llorar a mi hija y no acudir a consolarla.

A lo que la mujer contesta:

– Claro! En realidad, con mi segundo hijo no apliqué el método y durmió igual de bien!

La mujer se había puesto nerviosa pues en las palabras de aquellas madres no encontraba la aprobación que buscaba por haber dejado llorar a un hijo premeditadamente sin prestarle el calor y la piel que el bebé necesitaba. Era una princesa sin su príncipe… una princesa perdida y rota por dentro.

La mamá que había hablado notaba ese dolor, estaba en el aire. Con sus palabras no estaba juzgando a esa madre herida, sencillamente estaba hablando con el corazón. Era su alma vibrante quien hablaba y su voz, era dulce y amorosa.

No había sentencia, ni juicio en sus palabras. Tan solo una sensación profunda de apego y protección hacía un bebé que nos necesita y que lo hace saber con lágrimas cargadas de dolor.

La madre, inquieta, se preguntaba: “Qué más necesitamos que haga ese bebé para arruyarlo entre los brazos??”.

Por la noche, esa mamá se acordó de la princesa. Sintió que por ésta vez, el principe azul no había aparecido en el momento que aquella mujer tanto deseó. Esa mamá deseó que sus palabras cargadas de comprensión y sinceridad significaran una gran rosa, roja y hermosa en el corazón de aquella princesa.

Y… colorín colorado, éste cuento se ha acabado.

Verdad verdadera

Dicen que la verdad nos hace libres. A mí me gusta ir más allá y pensar que la verdad es mucho más que libertad emocional. La verdad es una raíz fuerte que se hunde y se afianza dentro de cada uno de nosotros. Esas raíces dan vida y sostienen un hermoso árbol, al que a mí me gusta llamar confianza.

Esas dos palabras puedes parecer muy simples a primera vista pero esconden el secreto de toda relación basada en el amor y el respeto. Son indelebles una de la otra, son inseparables, son la esencia.

Con la verdad, mi verdad, mi visión de la vida, he alimentado ese árbol. Esa semilla alojada en mi preciosa rubita ha ido creciendo a lo largo de estos dos años. Siempre he intentado mantener una relaciones sinceras y libres de mentiras con todos y en especial con ella.

No existen hombres del saco, ni hay sombras aguardando en la oscuridad que vengan a hacer pagar por las malas acciones…No me gustan los planteamientos maniqueístas, no me gusta el bien ni el mal… Es más siempre, siempre le digo a mi hija que no hay personas malas o buenas, sino consecuencias de nuestras acciones.

Comemos porque crecemos… así que si no comes porque no te apetezca, creceras igualmente!

Si mamá te lleva en brazos no me haces daño, preciosa, mamá puede llevarte a cuestas toda la vida y jamás me pesarás lo suficiente como para incomodarme!

Si quieres tomar teta, sea cuando sea, no eres caprichosa. Estas en tu pleno derecho de reclamar alimento, calor o amor sin horarios ni presiones.

Si no te apetece relacionarte no eres arisca. Los demás son los incomprensivos. Ellos son los adultos y son quien pueden controlar sus emociones.

Ocultar la verdad es algo mucho más profundo y va mucho más allá que defender todas estas afirmaciónes, por ello intento estar ahi siempre de manera física y emocional. Que mi hija no se sienta desamparada ante situaciones injustas donde se le oculta la verdad o sencillamente se disfraza “por su bien”.

Casi todo el mundo prefiere negar la verdad antes que enfrentarse a ella. Veo que a los niños se les miente por sistema. Me da la sensación que en el mundo adulto hemos asimilado que las mentiras pueden existir. Que las mentiras son la manera de controlar comportamientos o actitudes que no deseamos en los hijos. Permitimos que esas mentiras se cuelen y formen parte del día a día sin tener en cuenta que el árbol, la confianza, muere, se seca y se pudre con cada mentira que contamos. Para mí una mentira es una amenaza velada, una amenaza silenciosa que corroe y destruye por dentro.

Así que si la verdad nos hace libres… por qué no dejar que mi hija desplegue esas alas brillantes y vuele sin cargar el peso de esas mentiras?

Así lo he intentado y así seguiré intentándolo porque ella merece el respeto y el amor sin disfraces ni medias tintas. Ese precioso árbol está floreciendo. Palpo y siento la confianza que ha depositado en mí. Sentir que me respeta y me tiene en cuenta, tal como hago yo con ella, es una sensación incomparable e indescriptible que me llena por dentro hasta desbordar!Es amor, es pura emoción, sentir que nuestra relación de confianza es recíproca.

Los maestros se nos presentan de muchas formas en ésta vida y tú me haces ver que verdad es sencillez.

Jamás pensé que todo el mimo y el cuidado con que la he tratado iba a reflejarse y a tener un impacto tan hondo en mí. Sé que es algo obvio pero, precisamente por ello, me ha pillado desprevenida. Pues sólo pensaba en su bienestar y he descubierto, de manera sorprendente y hermosa, que su felicidad y su verdad es también mi libertad.

El fin justifica los medios?

Cuando yo era pequeña, sentía que la mayoría de mis sentimientos no valían. Desde mi percepción, para mi familia no eran importantes o tenidos en cuenta. Eran, simplemente, cosas de niños. Supongo que mis padres no lo hacían de manera consciente. Si hubieran sabido cuánto me dolía seguramente hubieran actuado de otra manera. Pero como yo sentía que no podía mostrar ese sentimiento de dolor, porque era malo, pues me lo quedaba para mí. Así, la espiral emocional va creciendo y arraigando a lo largo del tiempo.

Así que “aprendí” a moverme con independencia y sin contar con su opinión. Lo guardaba todo para mí. Pues me dolía el rechazo o la sensación de incomprensión.

Pero con el tiempo me di cuenta que así no iba a llegar muy lejos. Los seres humanos somos, por naturaleza, gregarios. Nos necesitamos los unos a los otros. Intentar avanzar en soledad, sólo trae más soledad. Me di cuenta que tenía que abrirme y mostrarme tal como era, con mis defectos y mis virtudes. Sólo esa verdad sobre mí misma me haría libre. A pesar que me aterrorizaba sentirme vulnerable ante los demás, des-aprendí a cerrarme en mí misma y re-aprendí a mostrarme al mundo. Precisamente, identificar, aceptar y compartir mis emociones dolorosas fue lo que realmente me hizo crecer.

Hace tiempo que reflexiono acerca de la educación que me gustaría ofrecer a mi hija. Y siempre llego a la misma conclusión: quiero ayudar la a convertirse en una persona fuerte, independiente y sensible, capaz de sentir el dolor ajeno y actuar ante él, en lugar de mostrarse impasible. Todo ello no en soledad, sino de la mano de una madre que la ama y la acompaña en el proceso. Una madre que la escucha y no la juzga. Una madre que simplemente la entiende y la guía.

Me doy cuenta que la manera en que educamos a un hijo forma parte de la persona que va a ser. Algo así como una huella indeleble que de alguna manera siempre estará presente.

Por tanto, concluyo que diferentes maneras de educar desenvocan en diferentes personalidades y actitudes ya que cualquiera de nuestros actos, por insignificante que parezca, deja una marca permanente en nuestros hijos.

Si quiero acompañar a mi hija en su crecimiento personal y que crezca fuerte, independiente y sensible, y no vale cualquier medio o forma de hacerlo.

Es decir, creo que se aprende más de lo que hacemos que de lo que decimos. Si educamos con el ejemplo (consciente o no) y respondemos a sus actos pegando, gritando y faltando al respeto… ese niño aprende a pegar, gritar y faltar al respeto cuando se siente atacado o amenazado.

Pero si educamos con del corazón, si educamos desde la conciencia emocional, obtenemos una persona capaz de sentir e interpretar la vida a través de las emociones. Ayudamos a florecer a ese niño y convertirlo en una persona fuerte y sensible, una persona, ante todo, humana capaz de identificar los sentimientos y actuar en consecuencia…

Solucionar un echo, aparentemente, tan simple como derramar agua puede transmitir a mi hija dos mensajes muy distintos según se solucione de una manera o de otra. Si derrama agua, y le ofrezco la oportunidad de limpiarla, sin culpabilizar, cuestionar o gritar, le enseño que ante un contratiempo no busco culpabilizar sino solucionar. Le enseño a ser capaz de reparar sus propios errores y sobre todo que pase lo que pase puede contar con que estoy a su lado. Si por el contrario actuo de manera que ella se sienta culpable o insegura de sus actos, si actuo ridiculizándola o haciéndola sentir inferior o sencillamente patosa… qué le aporto realmente? Que me oculte su verdadero ser y que no quiera mostrarse ante mí como realmente es, por miedo, rabia o fustración.

Quiero transmitirle que todos los sentimientos están permitidos pero no todas las acciones se admiten como respuesta. Puede sentirse enfadada pero no está permitido demostrarlo con golpes, sino con palabras, con dibujos o con alternativas que no dañen ni a ella ni a los demás.

Quiero ayudarla a saber qué siente en cada momento para que aprenda a canalizar sus actos y encontrar sus propias soluciones.

Así que una vez más, aprendo que los momentos de crisis pueden convertirse en oportunidades para crecer y que para hacerlo de manera sana hay que educar sin perjudicar ni física ni emocionalmente.

Para ayudar a crecer a mi hija, para ayudarla liberar y fluir sus emociones, me doy cuenta que no puede hacerse de qualquier manera, sino desde el RESPETO, por ELLA mimsa, por el mío y por el de los demás. Estoy segura de que no lo conseguiría de ninguna otra forma que no fuera ésta, pues no se puede educar desde la indivudualidad, la violencia o la insensibilidad. Asi que NO, para mí, EL FIN NO JUSTIFICA LOS MEDIOS.

Libertad para elegir

Creo firmemente que los niños deben tener libertad de elección. Aunque a mí o a su padre o a cualquier persona, cercana o no, nos pueda parecer una nimiedad, para ella, ese poder de decisión, es la base para forjarse y crecer como una persona fuerte, independiente y segura de sí misma.

Ya comenté en una entrada anterior que es muy importante quererse tal y como uno es, aceptarte con tus defectos y tus virtudes. Es muy importante para la autoestima y para aprender a quererse que no hay que maquillar la realidad. Cualquier intento de ocultar lo que verdaderamente somos nos convierte en heridas abiertas para el resto de nuestras vidas. Que nuestros hijos no tomen sus propias decisiones es un modo de tapar su personalidad. Sus elecciones les pueden tranformar en personas mágicas, únicas y especiales. Y negarlas u ocultarlas es negar a nuestro propio hijo.

De verdad puede una madre hacerle eso a un hijo? Quizá no de manera consciente pero sí mediante actitudes aprendidas desde nuestra propia infancia. Actitudes dañinas que nos acompañan a lo largo de nuestra infancia y maduran y crecen con el tiempo. Actitudes con las que pasivamente y de manera oculta impregnamos a nuestros propios hijos.

Un niño DEBE y PUEDE aprender a ELEGIR. Ya que como todo, esto también se aprende. Así que démosle la oportunidad de cometer sus propios errores y aprender de ellos. No tengamos prisa y dejémosles experimentar el poder y el alcance de sus propias elecciones. Evidentemente, habrá ocasiones en que se encontrarán limitados de manera natural. Pero en ningún caso debemos ser nosotros, sus padres, los que les negemos la posibilidad de crecer como personas y nos anticipemos a sus elecciones.

Yo lo tengo claro: A decidir se aprende decidiendo.

Mi hija ha tenido libertad de elección desde el minuto cero. Eligió cuándo nacer. Elige cuándo comer, elige cuándo y con quién dormir. Elige su manera de vestir que, no es más que, extrapolar su personalidad a un plano físico y real. Elige a qué quiere jugar y con quien… Elige compartir o no… Elige demostrar el cariño que siente… Creo que ese potencial para escoger la hace tomar conciencia y control de su propia vida y saberse dueña de sus decisiones y, por consiguiente, de sus consecuencias.

Y aunque mi instinto controlador, aún por pulir, me grite que un chandal no combina con unos zapatos de charol debo acallarlo y comprender que mi hija necesita tener el derecho a elegir.

Mi rubita preciosa, elijas lo que elijas, y te pongas lo que te pongas, para mí, eres belleza pura.

Quiérete tal como eres!

Querida Magia, acabo de leer tu entrada sobre los correctores de ojeras infantiles.

Sorprendida y sin palabras me he quedado. Este es un tema que siento especialmente sensible pues si la violencia explicita ya no nos salpica por cruel que sea hay que tener en cuenta que existe una violencia que actua desde el silencio, un tipo de maltrato tan lento y eficaz que nos destruye desde el interior, nos mata la esencia y nos convierte en víctimas mudas de una realidad rota.

No puedo más que solidarizarme con tus sentimientos querida amiga. Por ello he creído oportuno regalarte éste pequeño relato.

La mujer que era y la mujer que soy

Hace apenas dos años yo no era nada de lo que ahora soy. Siempre he oído decir que la maternidad te cambia la vida pero nunca me imaginé que me transformaría de éste modo tan profundo e irreversible.

Y es que ser madre se ha convertido en mucho más que tener un hijo. Ser madre es ahora una filosofia de vida. La maternidad me ha aportado una visión única y especial de la vida y no concibo que antes haya podido tener una vida donde mi hija no existía. Ella que ahora lo LLENA todo.

Hace apenas dos años me parecía una ilusión que se pudiera criar a un hijo sin gritar, pegar o castigarlo por sus acciones. Me parecía algo tan bonito pero a la vez tan raro… Cómo podía ser?? A mi me habían criado corrigiendo mi comportamiento cuando creían que no era el adecuado.Y no conocía ninguna otra forma de hacerlo.

Yo sentía que no quería hacerle eso a mi bebé. No quería que ese ser que llevaba en mi vientre se sintiera desamparado o humillado en modo alguno por mí, su madre. Una madre que se supone que debe amarle incondicionalmente y protegerle de injusticias. Una madre que debe respetarle sobre todas las cosas y con mucho más ímpetu en la infancia ya que, aunque de menor edad, el bebé no deja de ser una persona y se merece respeto como tal. Pero desconocia referencia alguna. No sabía cómo iba a llevar a cabo esa idea que a mi me parecia tan natural y necesaria como infrecuente.

Hace apenas dos años pensaba que un bebé debía dormir en su cuna, luego en su cama y acto seguido en “su” habitación. Creía que el bebé no sabía dormir y se le debía ayudar.

Hace apenas dos años no estaba segura si iba a “poder” dar el pecho ni cuánto tiempo lo iba a dar. Creía que eso dependería de mí y de mi circunstancias.

Pensaba que a los cuatro meses ya se le introducían alimentos y que la lactancia era inexistente a esa edad. Creía en las “ayudas” con biberón porque con el pecho se podían quedar con hambre. Pensaba que pasaban de los biberones a las papillas directamente, no conocía alternativa posible.

Hace apenas dos años pensaba que los bebés iban cómodos en el carrito.

Hace apenas dos años cuidaba mi alimentación. Pero no sabía nada sobre alimentación alternativa o respetuosa, sobre parabenes o sobre potenciadores del sabor.

Así que hace apenas dos años yo era otra mujer, igual en apariencia pero distinta, muy distinta en el fondo. El cambio ya empezó cuando me sentí embarazada. Gestaba a mi hija dentro de mí pero también se gestaban dudas e inquietudes sobre crianza y sobre la vida que vendría… Y empecé una búsqueda exaustiva de alternativas. Alternativas en la manera de críar a mi futuro bebé… Todo empezó en un blog conocido donde se habla de Bebés  y más cositas…  Ahí empecé a seguir día a día la evolución de mi embarazo, leía cómo crecía mi bebé en mi interior y me empapaba sobre artículos que me abrieron un nuevo abanico de posibilidades en la crianza.

Me familiaricé con conceptos nuevos: lactancia materna, lactancia artificial, crianza con apego, crianza respetuosa, respeto por los tiempos, colecho… y quise saber más!!! Continué adentrándome en un foro de crianza respetuosa. Ahí encontré muchas mamás maravillosas que explicaban sus experiencias en la crianza respetuosa. Para mí fue toda una revolución saber que había tantas y tantas mamás que estaban llevando a cabo la maternidad que yo quería sentir. Una maternidad consciente y respetuosa con mi futuro bebé. Pero seguía sin entender algunos conceptos. Por poner un ejemplo, seguía sin entender por qué un “cachete a tiempo” estaba mal… De verdad podía hacerse de otra forma? Todas ellas me evidenciaban que sí… pero yo no estaba preparada aún para entender la maternidad respetuosa en todo su conjunto.

Esa gran verdad, ese sentimiento revelador se abrió en mí el día que recogí de mi vientre a mi propia hija. Fué la pieza del puzle que me faltaba para verme a mi misma en perspectiva. Ella fue el detonante de mi revolución interior.

A los pocos días de  nacer  mi hija tuve la suerte que cayó en mis manos un libro: COMER, AMAR, MAMAR de Carlos Gonzalez. Fue otra pieza clave en ese puzle maternal. A ese libro, le han seguido muchos más, pero sus palabras prendieron la chispa para liberar la madre que en realidad quería ser. La madre y la persona que siempre había llevado dentro pero que no se había atrevido a salir, bien por presiones sociales o por normas silenciosas que interiorizamos desde pequeños.

Sentí más que nunca una conexión especial con aquellas mujeres que al igual que yo estaban en continua renovación interior para ser mejores madres y mejores personas.

Me sentía en harmonía y cómoda en mi reciente maternidad pues dejé de mirar el reloj y me abandoné a esa conexión recíproca con mi hija que me indicaba en cada momento lo que necesitaba. Me sentía enamorada de su tacto y de su piel al llevarla pegadita a mí en el fular. Así, piel con piel tenía todo lo que necesitaba a su alcance, el alimento que manaba de mi cuerpo a demanda, el calor y el arrullo que se desprendía de mi piel.  El sueño, como el alimento a demanda… los bebés ya saben dormir y no necesita que interfiramos para nada. Pasamos de la lactancia materna exclusiva a la introducción de alimentos en trocitos, nada de papillas. Me sentí LIBRE para dormir con ella, pues no deseaba separarme ni un instante. Todavía hoy, con casi 22 meses de vida me sorprendo en el silencio de la noche observándola en su hermosa quietud, a mi lado, acurrucada cerquita de mi pecho y de mi corazón.

Lo más maravilloso es que a día de hoy seguimos piel con piel, con pecho a demanda y colechando, me encanta sentir que respto su espacio y su tiempo. Me encanta sentir que evolucionamos juntas, cada una transformándonos y cambiando juntas pero individualmente en cada etapa.

He cambiado mi alimentación, no como carne ni pescado.

He cambiado mi modo de ver la feminidad y de sentir mi poder como mujer.

En general HE CAMBIADO. Ya no soy la mujer que era y sé que la mujer que soy ahora, pronto dejará de serlo porque estoy en continuo crecimiento y descubrimiento de mí misma.

Pero cambiar no es facil. Requiere constancia, apoyo externo y seguridad en tí misma y en lo que haces. Una seguridad que casi ninguna madre cree que tiene ya que muchas veces nos hacen sentir anuladas en nuestra toma de decisiones referentes a la maternidad. Un apoyo que debemos buscar muchas veces en la inmensidad del ciberespacio y una constancia que pocas veces tenemos la fuerza de invocar en el puerperrio. El cambio no es facil pero ES posible.

Ahora, me sorpendo de lo desinformada que estaba.

No pretendo aleccionar sobre la mejor manera de criar o educar a un hijo. Ésta es tan sólo la historia de mi transformación. Un cambio que realmente me ha hecho más feliz conmigo misma y con mi família.

Los besos nacen del corazón

Ahora que mi niña está cogiéndole práctica a eso de tomar sus propias decisiones, no entiendo, de ninguna manera, ni comparto el echo que tenga que besar, le apetezca o no, a quien le pide ese beso.

En nuestra familia es costumbre darnos un beso al vernos y al despedirnos. Es algo que a mi se me ha inculcado desde pequeña, sin permitir cuestionar el simple hecho de dar el beso. Durante mi infancia era algo que lo tenía automatizado. No lo hacía de corazón sino como una norma de cortesía y educación.

Pero no dejaba de ser eso, una NORMA. Algo ajeno a mi voluntad y que venía impuesto desde un poder superior. Era “lo que tenía que hacer”.

Con el tiempo, me he dado cuenta que la educación y los modales es algo que nunca se tiene que perder. Siempre hay que respetar a quienes nos rodean. Pero también he aprendido algo más importante aún, y es que también debo respetarme a mí misma. Así que ahora doy besos si me apetece darlos y cuando de verdad lo siento nacer en mí.

Desde que nació mi hija le he dado total libertad para escoger, de echo la vida se construye en base a nuestras elecciones. Evidentemente existen unas limitaciónes naturales, por ejemplo, no puede correr más rápido aunque quiera ya que su cuerpo mismo la limita. También existen limitaciones que vienen impuestas socialmente, como llegar a tiempo a algún sitio, y que ponen a prueba todas mis hablidades de madre recien adquiridas. Esas limitaciones naturales o no le acarrean un sentimiento de descontrol y de fustración.

Así que, por qué no dejarle escoger cuando realmente SI puede hacerlo?? He aprendido a hacerme esa pregunta y valorar lo que es prescindible y lo que no. No quiero privarle de su derecho a escoger siempre que pueda incluso, si a priori, a mi me parece algo supérfluo. Reflexiono y me doy cuenta que para ella es importante tener esa opción: Decidir si quiere o no quiere.

Pienso que en algo tan profundo y sentimental como son los besos no deberían imponerse bajo ningún concepto. Ni siquiera por educación. Ya que los besos nacen del corazón y se dan con amor y cariño a quien tú quieras.

Quiero que mi hija aprenda a dar amor libre y expontáneamente… Pero una vez más vamos a contra-corriente y nos exponemos a las famosas etiquetas “arisca” –  “caprichosa”, o como me he encontrado alguna vez con algún familiar diciéndole a la niña que “me da igual que no me quieras dar el beso, me lo tienes que dar y punto”. En estos momentos no puedo más que salir en defensa de mi rubita y decirle que no tiene por qué darle el beso si no quiere y le ofrezco la opción de mandárselo con la mano o dárselo más tarde si le apetece.

No quiero que mi hija sienta que no estoy a su lado en una situación en que se la trata injustamente. Así que a pesar que el adulto que pide el beso no entiende mi postura yo seguiré defendiendo que los besos se dan y nacen desde el corazón.

Mi mundo ideal

Bienvenidos y bienvenidas a mi mundo ideal.

En éste mundo no hay cabida para la destrucción emocional, la violencia ni el desprecio por la vida. En mi mundo ideal todo está impregnado de amor, paciencia y empatía.

En mi rincón personal no existe la adoración por el dinero, por la acumulación de bienes ni el culto por el poder.

En este pedacito mío no vivimos en pisos. Los pisos son lugares cerrados, aislados de la manada y de la tribu tan necesaria para sobrevivir como familia. Los pisos son el entorno menos indicado para crecer. Los bebés se ven confinados y limitados en el espacio y en sus actos. “No toque ésto” “No te subas ahí” “No hagas” “No deshagas”… Y toda una retahila de noes que más que afianzar la confianza en uno mismo, lo que hace es levantar una barrera impenetrable de inseguridades y desconfianzas. Esos miedos los acarreamos y les damos forma en la edad adulta y es muy dificil librarse de ellos.

En mi mundo ideal la vida fluye… te sientes en sintonía y en conexión contigo mismo. No tienes carencias personales.

En mi mundo ideal lo que prima es la familia y su entorno. Una familia que no está desmembrada por la sociedad y un entorno natural donde los niños puedan crecer sin limitación. Los padres pueden compaginar su vida personal y familiar con su vida laboral, si así lo desean.

Aquí los padres y las madres no tienen la necesidad de escoger entre lo que más quieren en la vida y entre lo que necesitan para vivir.

Es un mundo justo. Cada uno escoge LIBREMENTE el camino que desea seguir. Siempre desde el respeto personal y ajeno.

En este mundo no siento un dolor indescriptible al separarme de mi hija cada mañana. Ni me paso el sintiendo su presencia sin estar. Queriéndola abrazar sin poder. Oyendo su risa sin reir.

En éste mundo no siento un nudo en las entrañas al sentirte lejos porqué estás aquí conmigo a cada instante. Compartimos miradas cómplices y  juegos sin sentido. Compartimos silencios que lo dicen todo.

Mi pequeña preciosa… ésta es la vida que te quiero regalar. Una vida donde lo más importante PUEDAN ser tus propios hijos. Ellos sobre todo lo demás. Una vida donde no tengas que elegir entre una separación forzosa o el instinto maternal.

En mi mundo ideal el cambio empieza en mí y, luego, transforma todo lo demás.

#PapaConcilia crees que estoy pidiendo demasiado?

Aquí otros blogs que participan en éste carnaval:


Te ayudo?

El otro día querías trepar. Querías subir a lo alto, a la cima. Ya sabes que mamá siempre te deja explorar. Me gusta que veas el mundo con tus ojos de niña. Me gusta que pruebes, que toques, que hagas y deshagas… Me gusta que no te rindas, que lo intentes de nuevo… Me encanta y me asusta verte crecer.

El otro día querías trepar y no podías…

Entonces me miraste con esos ojos profundos y dulces, del color y la suavidad de la miel… y me dijiste: “Mamá, te ayudo?”.

Pues sí, hija mía, me ayudas cada día a ser mejor persona. Me ayudas a aprender de tí, me ayudas a encontrar mi rumbo en esta espiral de sensaciones que es la maternidad. Me envuelves con tu magia. Eres mi oasis emocional.

En medio de ese torbellino de sentimientos, te dí la mano y te ayudé a subir.

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