La mujer que era y la mujer que soy

Hace apenas dos años yo no era nada de lo que ahora soy. Siempre he oído decir que la maternidad te cambia la vida pero nunca me imaginé que me transformaría de éste modo tan profundo e irreversible.

Y es que ser madre se ha convertido en mucho más que tener un hijo. Ser madre es ahora una filosofia de vida. La maternidad me ha aportado una visión única y especial de la vida y no concibo que antes haya podido tener una vida donde mi hija no existía. Ella que ahora lo LLENA todo.

Hace apenas dos años me parecía una ilusión que se pudiera criar a un hijo sin gritar, pegar o castigarlo por sus acciones. Me parecía algo tan bonito pero a la vez tan raro… Cómo podía ser?? A mi me habían criado corrigiendo mi comportamiento cuando creían que no era el adecuado.Y no conocía ninguna otra forma de hacerlo.

Yo sentía que no quería hacerle eso a mi bebé. No quería que ese ser que llevaba en mi vientre se sintiera desamparado o humillado en modo alguno por mí, su madre. Una madre que se supone que debe amarle incondicionalmente y protegerle de injusticias. Una madre que debe respetarle sobre todas las cosas y con mucho más ímpetu en la infancia ya que, aunque de menor edad, el bebé no deja de ser una persona y se merece respeto como tal. Pero desconocia referencia alguna. No sabía cómo iba a llevar a cabo esa idea que a mi me parecia tan natural y necesaria como infrecuente.

Hace apenas dos años pensaba que un bebé debía dormir en su cuna, luego en su cama y acto seguido en “su” habitación. Creía que el bebé no sabía dormir y se le debía ayudar.

Hace apenas dos años no estaba segura si iba a “poder” dar el pecho ni cuánto tiempo lo iba a dar. Creía que eso dependería de mí y de mi circunstancias.

Pensaba que a los cuatro meses ya se le introducían alimentos y que la lactancia era inexistente a esa edad. Creía en las “ayudas” con biberón porque con el pecho se podían quedar con hambre. Pensaba que pasaban de los biberones a las papillas directamente, no conocía alternativa posible.

Hace apenas dos años pensaba que los bebés iban cómodos en el carrito.

Hace apenas dos años cuidaba mi alimentación. Pero no sabía nada sobre alimentación alternativa o respetuosa, sobre parabenes o sobre potenciadores del sabor.

Así que hace apenas dos años yo era otra mujer, igual en apariencia pero distinta, muy distinta en el fondo. El cambio ya empezó cuando me sentí embarazada. Gestaba a mi hija dentro de mí pero también se gestaban dudas e inquietudes sobre crianza y sobre la vida que vendría… Y empecé una búsqueda exaustiva de alternativas. Alternativas en la manera de críar a mi futuro bebé… Todo empezó en un blog conocido donde se habla de Bebés  y más cositas…  Ahí empecé a seguir día a día la evolución de mi embarazo, leía cómo crecía mi bebé en mi interior y me empapaba sobre artículos que me abrieron un nuevo abanico de posibilidades en la crianza.

Me familiaricé con conceptos nuevos: lactancia materna, lactancia artificial, crianza con apego, crianza respetuosa, respeto por los tiempos, colecho… y quise saber más!!! Continué adentrándome en un foro de crianza respetuosa. Ahí encontré muchas mamás maravillosas que explicaban sus experiencias en la crianza respetuosa. Para mí fue toda una revolución saber que había tantas y tantas mamás que estaban llevando a cabo la maternidad que yo quería sentir. Una maternidad consciente y respetuosa con mi futuro bebé. Pero seguía sin entender algunos conceptos. Por poner un ejemplo, seguía sin entender por qué un “cachete a tiempo” estaba mal… De verdad podía hacerse de otra forma? Todas ellas me evidenciaban que sí… pero yo no estaba preparada aún para entender la maternidad respetuosa en todo su conjunto.

Esa gran verdad, ese sentimiento revelador se abrió en mí el día que recogí de mi vientre a mi propia hija. Fué la pieza del puzle que me faltaba para verme a mi misma en perspectiva. Ella fue el detonante de mi revolución interior.

A los pocos días de  nacer  mi hija tuve la suerte que cayó en mis manos un libro: COMER, AMAR, MAMAR de Carlos Gonzalez. Fue otra pieza clave en ese puzle maternal. A ese libro, le han seguido muchos más, pero sus palabras prendieron la chispa para liberar la madre que en realidad quería ser. La madre y la persona que siempre había llevado dentro pero que no se había atrevido a salir, bien por presiones sociales o por normas silenciosas que interiorizamos desde pequeños.

Sentí más que nunca una conexión especial con aquellas mujeres que al igual que yo estaban en continua renovación interior para ser mejores madres y mejores personas.

Me sentía en harmonía y cómoda en mi reciente maternidad pues dejé de mirar el reloj y me abandoné a esa conexión recíproca con mi hija que me indicaba en cada momento lo que necesitaba. Me sentía enamorada de su tacto y de su piel al llevarla pegadita a mí en el fular. Así, piel con piel tenía todo lo que necesitaba a su alcance, el alimento que manaba de mi cuerpo a demanda, el calor y el arrullo que se desprendía de mi piel.  El sueño, como el alimento a demanda… los bebés ya saben dormir y no necesita que interfiramos para nada. Pasamos de la lactancia materna exclusiva a la introducción de alimentos en trocitos, nada de papillas. Me sentí LIBRE para dormir con ella, pues no deseaba separarme ni un instante. Todavía hoy, con casi 22 meses de vida me sorprendo en el silencio de la noche observándola en su hermosa quietud, a mi lado, acurrucada cerquita de mi pecho y de mi corazón.

Lo más maravilloso es que a día de hoy seguimos piel con piel, con pecho a demanda y colechando, me encanta sentir que respto su espacio y su tiempo. Me encanta sentir que evolucionamos juntas, cada una transformándonos y cambiando juntas pero individualmente en cada etapa.

He cambiado mi alimentación, no como carne ni pescado.

He cambiado mi modo de ver la feminidad y de sentir mi poder como mujer.

En general HE CAMBIADO. Ya no soy la mujer que era y sé que la mujer que soy ahora, pronto dejará de serlo porque estoy en continuo crecimiento y descubrimiento de mí misma.

Pero cambiar no es facil. Requiere constancia, apoyo externo y seguridad en tí misma y en lo que haces. Una seguridad que casi ninguna madre cree que tiene ya que muchas veces nos hacen sentir anuladas en nuestra toma de decisiones referentes a la maternidad. Un apoyo que debemos buscar muchas veces en la inmensidad del ciberespacio y una constancia que pocas veces tenemos la fuerza de invocar en el puerperrio. El cambio no es facil pero ES posible.

Ahora, me sorpendo de lo desinformada que estaba.

No pretendo aleccionar sobre la mejor manera de criar o educar a un hijo. Ésta es tan sólo la historia de mi transformación. Un cambio que realmente me ha hecho más feliz conmigo misma y con mi família.

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ConcienCiliación

Si busco concienciar en el diccionario, me encuentro con la siguiente definición: “Hacer que alguien sea consciente de algo, que lo conozca y sepa de su alcance.”

Por qué me he molestado?, te preguntarás, pues porque últimamente aquello que en mi vida como mamá reciente era “tolerado” ahora pretenden convencerme de que es dañino o repercute negativamente en mí y en mi hija.

Me explico. Ya hace casi 19 meses que soy mamá. Al principio, dar el pecho está bien. Hasta que pasas de las famosas 16 semanas de baja maternal. Entonces pasas a ser como un especímen a parte. Lo rara que te hacen sentir va directamente proporcional al tiempo que des el pecho. Con 19 meses ya ni te cuento: que si tu leche es agua, que si eso es vicio, que si te usa de chupete… En definitiva, me miran como si quisiera seguir infantilizando a mi hija, como si quisiera negarle crecer y convertirse en una niña al seguir tomando pecho, un pecho que, según ellos, ya no alimenta…

Lo mismo pasa con el colecho. Al principio, lo llegan a “entender” (yo creo que nunca) porque das el pecho. Conforme pasa el tiempo, esa mirada de “ay! queteestásequivocandoyateloencontrarás…” se convierten en desaprovación total. Aquí las advertencias son claras: es por tu bien, nunca va a irse de tu cama, ya es grande para dormir acompañada, te arrepentirás cuando sea mayor… Lo peor es que quien más critica menos quiere saber o entender del tema.

También me encuentro ese problema con la comida. Al principio fue por el BLW. Con seis meses mi hija empezó a comer entero y en trocitos. Nos hemos saltado la etapa de las papillas. Aquí todo el mundo con cara de susto. Me hicieron sentir irresponsable por no seguir el “método tradicional” de introducción de alimentos.

Aprovecho para recordar el tema del porteo. Con 3 meses, lo encuentran extrovertido, pero “aceptable”. Con 19 meses, directamente me tachan de loca. Se preocupan por mi espalda pero nadie pregunta por cómo me hace sentir llevar a mi niña cerca del corazón.

Por mi, y por otras mamás incomprendidas, inaceptadas o sencillamente ingoradas en su “excentricismo” hago examen de conciencia.

Por mi y por ellas no voy a callar. Es más, NO DEBO callar ante comentarios injustificados y insostenibles. Ellos hablan desde la seguridad que les da su ingoráncia. Yo desde el amor y el respeto, y por qué no, desde mi experiencia, que aunque sea distinta es totalmente válida.

Es aquí donde entra en juego la palabra concienciar. Hay que hacer que la gente conozca y sepa el alcance que tiene la crianza con apego, la lactancia materna, el porteo, el colecho… Sólo así abriremos las mentes más cerradas e iremos sembrando la semilla de la duda para que busquen y se informen por ellos mismos.

Si callamos, si nos silenciamos por ser educadas o dejamos de concienciar, dejamos de defender lo que por naturaleza es del ser humano. La crianza con el corazón, la cercanía y el respeto.

Siempre he tenido la certeza, infantil al fin y al cabo, de que había nacido para hacer algo especial. Mi hija me ha hecho comprender que ahora es mi momento. Mi punto de inflexión. Ahora es cuando al abrir conciencias, al alzar la voz, al defender lo que siento ante mí y ante ella hago posible un cambio de mentalidad. Una brecha entre generaciones donde por fin romperé con la forma tradicional de crianza y le ofreceré a mi hija un modelo diferente donde el autoritarismo y el llanto desatendido no tienen cabida.

Por mi, por las demás mamás y por mi hija debo concienciar.

Si busco conciliar, me encuentro con lo siguiente: “Conformar, hacer concordes o compatibles dos o más elementos que son o parecen contrarios.”

En éste punto, juega un papel vital la palabra conciliar. Una vez me he liberado de antiguas ataduras, de rencores del pasado. Una vez he tomado conciencia de quién soy y de la madre que quiero ser ante mí y ante el mundo, me encuentro con que la sociedad no está preparada para dejarme SER.

Hay que reconciliar la maternidad respetuosa y consciente con la sociedad, altamente consumista. Consumista en todos los aspectos… te absorve y hace que tu mundo personal, tu mundo familiar se tambalee hasta derrumbarse. La sociedad capitalista te anula como persona y como madre. Realza valores económicos por encima de los personales. Por ello hay que ConcienCiliar dar a conocer otras maneras de educar, la crianza desde el respeto y tener el derecho a compatibilizar esa manera de vivir con todas las áreas de tu vida.

Hay que acercar distancias entre la familia y la sociedad en general. Hay que construir un mundo consciente del cambio de mentalidad. Consciente de que una nueva revolución está emergiendo. Porque una vez que sientes el cambio en tí, no hay vuelta atrás. No puedes volver a ser la que eras.

Se puede volver al trabajo, si una lo desea, pero también debería permitírsele la opción, y respetarla, a la madre que eliga quedarse con sus hijos. Deberían evitarse los juicios de valor por aquella madre que amamanta más allá de la media o que portee a niños mayores o que coleche… entre muchas otras cosas. Queda mucho por concienciar y por conciliar pero ambas van de la mano del RESPETO. Respeto por tener opiniones y maneras de hacer distintas pero que son tan válidas como cualquier otra. Esa es mi reivindicación.

Mi reflexión es que hay que concienciar para conciliar. Y como dicen por ahí “sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”.

Una concienciación real ya para una conciliación real ya.

Porque los hijos de hoy, son los hombres del mañana.

Piel con piel.

A lo largo de ésta semana se va a promover el porteo a través de la Semana Internacional por la Crianza en Brazos.

Yo quiero aportar mi experiencia.

Cuando nació mi hija, yo no había leído nada sobre, crianza natural, colecho… Ninguna de esas palabras me resultaban familiares. Pero sí tenía un hermoso fular que le había pedido como regalo a una amiga muy especial. Tenía unas ganas tremendas de compartir mi vida con la personita que más ansiaba conocer, mi hija. Quería llevarla conmigo, ser su cuna, su alimento, su calor, su mundo!!

Siempre siento que acompañar a mi hija en el nacimiento, cogerla delicadamente con mis manos mientras salía de mí, me cambió.

Al momento de nacer ya la tenía conmigo, pegadita, piel con piel. Sentir su calor, notar su corazón es lo mejor que como madre me puede pasar. En aquel instante supe que quería seguir así, unida a ella por ese vínculo invisible, mágico y maravilloso. Porque así es ella, mágica y maravillosa.

Aquí llegaron los comentarios típicos que sufren por mi seguridad emocional y por la de mi hija que aseguran que así se malacostumbrará y será terriblemente dependiente. Puede que por un momento me hicieran dudar. Pero cómo puede ser perjudicial sentir la piel de tu hija? Ese contacto me da la vida! Cómo puede ser malo algo que sale del corazón?

Decidí escucharme. Escuchar mis instintos. Mi cuerpo la llamaba, la quería conmigo. Separarme de ella me producía un vacío inexplicable. Me faltaba algo. Me faltaba el latir de un corazón que había nacido dentro de mí.

Ahora mi pequeña ya tiene 17 meses. Seguimos porteando. Las críticas han ido en aumento desde entonces. Pues la gente ya no está preocupada porque se malcrie, sino por mi espalda. Y yo agradezco su preocupación cuando es sincera. Pero llevar a mi hija no me pesa y no me pesará nunca.

Eso es el porteo. Llevar lo más preciado, lo más querido, cerca de ti. Muy cerca. Piel con piel. Notar su calor y su olor. Su suavidad y su dulzura. Es alimentarla donde y cuando sea. Es sentir su respiración acompasada al dormir sobre tu pecho. Es darle alimento dónde y cuándo lo necesite sin importar el tiempo ni el lugar. Es crecer acompasadas por una melodía sin música. Una canción que sólo suena para nosotras dos.

Eso es el porteo, descubrir la mágia de ser uno, madre e hija.

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