Una bolsa de papel

Eso es todo lo que necesitabas tú en ese momento. En la inmensidad el parque y en compañía de tu amiguita más querida, toda tu ilusión y toda tu felicidad cabía en una sencilla bolsa de papel.

De entre todos los objetos mágicos y únicos que tenías para escoger… elegiste el más humilde. Una bolsa aparentemente olvidada en un rincón del banco y que te proporcionó un buen rato de entretenimiento.

Yo te observaba maravillada. Me di cuenta que ante éste momento tan simple en apariencia se escondía un complejo desarrollo de la motricidad fina, pues ibas añadiendo a la bolsa, una a una, las piedrecitas que había a tu alrededor. Me di cuenta que este sencillo gesto que para mí no requiere ningún esfuerzo, para tí era un gran momento que te exigia concentración.

Me di cuenta de lo poco que cuesta ser feliz. Tú al sentirte orgullosa de tu proeza al recolectar todas las piedras sin fallar y luego volverlas a tirar para volverlas a recoger, concienzudamente… Yo al tenerte así, absorta y llena de vida ante una simple bolsa de papel.

Pero sobre todo, me di cuenta de la belleza que tienen estos momentos tan sencillos y que muchas veces, por prisa, se nos escapan y vuelan veloces hacia el olvido.

Yo quiero captar todos estos momentos y guardarlos aquí. Instantes que para mi valen más que nada, instantes que son un rayo de sol al recordarlos.

Quiérete tal como eres!

Querida Magia, acabo de leer tu entrada sobre los correctores de ojeras infantiles.

Sorprendida y sin palabras me he quedado. Este es un tema que siento especialmente sensible pues si la violencia explicita ya no nos salpica por cruel que sea hay que tener en cuenta que existe una violencia que actua desde el silencio, un tipo de maltrato tan lento y eficaz que nos destruye desde el interior, nos mata la esencia y nos convierte en víctimas mudas de una realidad rota.

No puedo más que solidarizarme con tus sentimientos querida amiga. Por ello he creído oportuno regalarte éste pequeño relato.

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