Los besos nacen del corazón

Ahora que mi niña está cogiéndole práctica a eso de tomar sus propias decisiones, no entiendo, de ninguna manera, ni comparto el echo que tenga que besar, le apetezca o no, a quien le pide ese beso.

En nuestra familia es costumbre darnos un beso al vernos y al despedirnos. Es algo que a mi se me ha inculcado desde pequeña, sin permitir cuestionar el simple hecho de dar el beso. Durante mi infancia era algo que lo tenía automatizado. No lo hacía de corazón sino como una norma de cortesía y educación.

Pero no dejaba de ser eso, una NORMA. Algo ajeno a mi voluntad y que venía impuesto desde un poder superior. Era “lo que tenía que hacer”.

Con el tiempo, me he dado cuenta que la educación y los modales es algo que nunca se tiene que perder. Siempre hay que respetar a quienes nos rodean. Pero también he aprendido algo más importante aún, y es que también debo respetarme a mí misma. Así que ahora doy besos si me apetece darlos y cuando de verdad lo siento nacer en mí.

Desde que nació mi hija le he dado total libertad para escoger, de echo la vida se construye en base a nuestras elecciones. Evidentemente existen unas limitaciónes naturales, por ejemplo, no puede correr más rápido aunque quiera ya que su cuerpo mismo la limita. También existen limitaciones que vienen impuestas socialmente, como llegar a tiempo a algún sitio, y que ponen a prueba todas mis hablidades de madre recien adquiridas. Esas limitaciones naturales o no le acarrean un sentimiento de descontrol y de fustración.

Así que, por qué no dejarle escoger cuando realmente SI puede hacerlo?? He aprendido a hacerme esa pregunta y valorar lo que es prescindible y lo que no. No quiero privarle de su derecho a escoger siempre que pueda incluso, si a priori, a mi me parece algo supérfluo. Reflexiono y me doy cuenta que para ella es importante tener esa opción: Decidir si quiere o no quiere.

Pienso que en algo tan profundo y sentimental como son los besos no deberían imponerse bajo ningún concepto. Ni siquiera por educación. Ya que los besos nacen del corazón y se dan con amor y cariño a quien tú quieras.

Quiero que mi hija aprenda a dar amor libre y expontáneamente… Pero una vez más vamos a contra-corriente y nos exponemos a las famosas etiquetas “arisca” –  “caprichosa”, o como me he encontrado alguna vez con algún familiar diciéndole a la niña que “me da igual que no me quieras dar el beso, me lo tienes que dar y punto”. En estos momentos no puedo más que salir en defensa de mi rubita y decirle que no tiene por qué darle el beso si no quiere y le ofrezco la opción de mandárselo con la mano o dárselo más tarde si le apetece.

No quiero que mi hija sienta que no estoy a su lado en una situación en que se la trata injustamente. Así que a pesar que el adulto que pide el beso no entiende mi postura yo seguiré defendiendo que los besos se dan y nacen desde el corazón.

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