La varicela

Mi cariño chiquito… la pasada semana descubrí unas manchitas coloradas en tu blanquecina y preciosa piel… La duda y el asombro me invadían lentamente. Decídí no perder de vista esos dos puntitos rojos, así que pasé el día empapándome de tu olor cada dos por tres y, de reojo, miraba frente a frente esas rojeces y les decía que se mantuvieran a ralla… Pero no me hicieron caso… Y florecieron más manchitas a lo ancho y largo de tu cuerpecito precioso.

Visita al pediatra. Enfado monumental. Pues querían que te desnudara sin miramientos y te dejara llorando en la camilla mientras alguien desconocido te revolvía en busca de un diagnóstico. En medio de aquel torbellino, de aquellas prisas, respiré hondo y le pesara a quien le pesara, te desnudé pidiéndote permiso y suavemente, pues sabía lo asustada que estabas. En todo momento estuviste en mi regazo y mi pecho cerca para poderte consolar. Confirmado: diagnóstico varicela.

Por primera vez en casi dos años abrazo a ese cuerpecito caliente y enfermo. De camino a casa me fui repitiendo que tu cuerpo es sabio… Tu cuerpo sabría cómo actuar mejor que yo pero que tu angustiada mamá no iba a separarse de tí en todo el proceso. Yo tampoco estaba muy bien ni ánimica ni físicamente, los resfriados de éste invierno, uno detrás de otro me han hecho estragos y no acabo de sanar. Así que me tomé unos días de vacaciones para permitirme estar enferma, sin prisas ni agobios, y para ser yo quien esté a tu lado en esta experiencia tan nueva para tí como para mí.

Ésta semana ha sido como volver al pasado. Has vuelto a mí convertida en aquel bebé que recien salió de mi vientre, vulnerable e indefenso a la par que tierno y embriagador. Has conseguido, una vez más que mi más feroz instinto materno haya salido a la luz.

La fiebre llegó y lo envolvió todo… El sueño y el cansancio aunaban esfuerzos y te sumían en un duermevela constante pues tu cuerpo estaba librando una feroz batalla contra un potente virus. Eras como un barco en plena tempestad, fuerte y desafiante. Yo me convertí en ese mar que te mecía y te acompañaba en las subidad y bajadas. Yo me convertí en un lecho donde descansar. Toda mi piel deseaba acogerte amorosamente y que encontraras tu lugar en mí. Un lugar donde reposar, un lugar donde alimentarte, un lugar donde sentirte segura y protegida. Un lugar donde sanar heridas y recuperar fuerzas.

En ésta semana he sido todo eso para tí. Pero quiero que sepas que tú has sido mucho, mucho más para mí!! Tú has sido mi tabla de salvación en ésta tempestad emocional en la que me encontraba. Pues la cercanía de tu cuerpecito debil pegado al mío día y noche, noche y día, han conseguido desprender de mí las emociones más negras que el día a día amontonaba en mí. Estar piel a piel, en contacto permanente e ininterrumpido me ha despojado de cualquier carga emocional que pudiera acarrear y me ha infundido amor, mucho amor.

Siento que tengo que agradecerte tanto!! Siento que me he abandonado a tí y siento que lo necesitaba!! Sin prisas, sin horarios, sin presiones, sólo tu y yo y nuestros corazones latiendo en sintonía. Siento que has sido tú quien me ha curado. Has sido el aire fresco que necesitaba para volver a respirar!! A pesar de tu enfermedad, siento que has sido tú, una vez más, quien me ha enseñado una gran lección. Y es que la vida hay que saborearla lentamente para digerirla mejor!!

Jamás en lo que me queda de vida sabré cómo agradecerte el cambio que obras en mí. Te quiero, mi amor!!

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La mujer que era y la mujer que soy

Hace apenas dos años yo no era nada de lo que ahora soy. Siempre he oído decir que la maternidad te cambia la vida pero nunca me imaginé que me transformaría de éste modo tan profundo e irreversible.

Y es que ser madre se ha convertido en mucho más que tener un hijo. Ser madre es ahora una filosofia de vida. La maternidad me ha aportado una visión única y especial de la vida y no concibo que antes haya podido tener una vida donde mi hija no existía. Ella que ahora lo LLENA todo.

Hace apenas dos años me parecía una ilusión que se pudiera criar a un hijo sin gritar, pegar o castigarlo por sus acciones. Me parecía algo tan bonito pero a la vez tan raro… Cómo podía ser?? A mi me habían criado corrigiendo mi comportamiento cuando creían que no era el adecuado.Y no conocía ninguna otra forma de hacerlo.

Yo sentía que no quería hacerle eso a mi bebé. No quería que ese ser que llevaba en mi vientre se sintiera desamparado o humillado en modo alguno por mí, su madre. Una madre que se supone que debe amarle incondicionalmente y protegerle de injusticias. Una madre que debe respetarle sobre todas las cosas y con mucho más ímpetu en la infancia ya que, aunque de menor edad, el bebé no deja de ser una persona y se merece respeto como tal. Pero desconocia referencia alguna. No sabía cómo iba a llevar a cabo esa idea que a mi me parecia tan natural y necesaria como infrecuente.

Hace apenas dos años pensaba que un bebé debía dormir en su cuna, luego en su cama y acto seguido en “su” habitación. Creía que el bebé no sabía dormir y se le debía ayudar.

Hace apenas dos años no estaba segura si iba a “poder” dar el pecho ni cuánto tiempo lo iba a dar. Creía que eso dependería de mí y de mi circunstancias.

Pensaba que a los cuatro meses ya se le introducían alimentos y que la lactancia era inexistente a esa edad. Creía en las “ayudas” con biberón porque con el pecho se podían quedar con hambre. Pensaba que pasaban de los biberones a las papillas directamente, no conocía alternativa posible.

Hace apenas dos años pensaba que los bebés iban cómodos en el carrito.

Hace apenas dos años cuidaba mi alimentación. Pero no sabía nada sobre alimentación alternativa o respetuosa, sobre parabenes o sobre potenciadores del sabor.

Así que hace apenas dos años yo era otra mujer, igual en apariencia pero distinta, muy distinta en el fondo. El cambio ya empezó cuando me sentí embarazada. Gestaba a mi hija dentro de mí pero también se gestaban dudas e inquietudes sobre crianza y sobre la vida que vendría… Y empecé una búsqueda exaustiva de alternativas. Alternativas en la manera de críar a mi futuro bebé… Todo empezó en un blog conocido donde se habla de Bebés  y más cositas…  Ahí empecé a seguir día a día la evolución de mi embarazo, leía cómo crecía mi bebé en mi interior y me empapaba sobre artículos que me abrieron un nuevo abanico de posibilidades en la crianza.

Me familiaricé con conceptos nuevos: lactancia materna, lactancia artificial, crianza con apego, crianza respetuosa, respeto por los tiempos, colecho… y quise saber más!!! Continué adentrándome en un foro de crianza respetuosa. Ahí encontré muchas mamás maravillosas que explicaban sus experiencias en la crianza respetuosa. Para mí fue toda una revolución saber que había tantas y tantas mamás que estaban llevando a cabo la maternidad que yo quería sentir. Una maternidad consciente y respetuosa con mi futuro bebé. Pero seguía sin entender algunos conceptos. Por poner un ejemplo, seguía sin entender por qué un “cachete a tiempo” estaba mal… De verdad podía hacerse de otra forma? Todas ellas me evidenciaban que sí… pero yo no estaba preparada aún para entender la maternidad respetuosa en todo su conjunto.

Esa gran verdad, ese sentimiento revelador se abrió en mí el día que recogí de mi vientre a mi propia hija. Fué la pieza del puzle que me faltaba para verme a mi misma en perspectiva. Ella fue el detonante de mi revolución interior.

A los pocos días de  nacer  mi hija tuve la suerte que cayó en mis manos un libro: COMER, AMAR, MAMAR de Carlos Gonzalez. Fue otra pieza clave en ese puzle maternal. A ese libro, le han seguido muchos más, pero sus palabras prendieron la chispa para liberar la madre que en realidad quería ser. La madre y la persona que siempre había llevado dentro pero que no se había atrevido a salir, bien por presiones sociales o por normas silenciosas que interiorizamos desde pequeños.

Sentí más que nunca una conexión especial con aquellas mujeres que al igual que yo estaban en continua renovación interior para ser mejores madres y mejores personas.

Me sentía en harmonía y cómoda en mi reciente maternidad pues dejé de mirar el reloj y me abandoné a esa conexión recíproca con mi hija que me indicaba en cada momento lo que necesitaba. Me sentía enamorada de su tacto y de su piel al llevarla pegadita a mí en el fular. Así, piel con piel tenía todo lo que necesitaba a su alcance, el alimento que manaba de mi cuerpo a demanda, el calor y el arrullo que se desprendía de mi piel.  El sueño, como el alimento a demanda… los bebés ya saben dormir y no necesita que interfiramos para nada. Pasamos de la lactancia materna exclusiva a la introducción de alimentos en trocitos, nada de papillas. Me sentí LIBRE para dormir con ella, pues no deseaba separarme ni un instante. Todavía hoy, con casi 22 meses de vida me sorprendo en el silencio de la noche observándola en su hermosa quietud, a mi lado, acurrucada cerquita de mi pecho y de mi corazón.

Lo más maravilloso es que a día de hoy seguimos piel con piel, con pecho a demanda y colechando, me encanta sentir que respto su espacio y su tiempo. Me encanta sentir que evolucionamos juntas, cada una transformándonos y cambiando juntas pero individualmente en cada etapa.

He cambiado mi alimentación, no como carne ni pescado.

He cambiado mi modo de ver la feminidad y de sentir mi poder como mujer.

En general HE CAMBIADO. Ya no soy la mujer que era y sé que la mujer que soy ahora, pronto dejará de serlo porque estoy en continuo crecimiento y descubrimiento de mí misma.

Pero cambiar no es facil. Requiere constancia, apoyo externo y seguridad en tí misma y en lo que haces. Una seguridad que casi ninguna madre cree que tiene ya que muchas veces nos hacen sentir anuladas en nuestra toma de decisiones referentes a la maternidad. Un apoyo que debemos buscar muchas veces en la inmensidad del ciberespacio y una constancia que pocas veces tenemos la fuerza de invocar en el puerperrio. El cambio no es facil pero ES posible.

Ahora, me sorpendo de lo desinformada que estaba.

No pretendo aleccionar sobre la mejor manera de criar o educar a un hijo. Ésta es tan sólo la historia de mi transformación. Un cambio que realmente me ha hecho más feliz conmigo misma y con mi família.

Bon dia!!!

El silencio susurra… El sonido despierta…

Respiración acompasada…

Luz que se enreda por las cortinas. Luz que se derrama por las paredes. Y todo se llena de vida.

Tu pequeño cuerpo, que descansa a mi lado, se despereza… Noto tu olor a rosas y a sudor, dulce y salado a la vez.

Una caricia, furtiva. Un beso, cargado de amor.

Una carita que te mira. Unos ojos entrecerrados que me buscan… y me encuentran.

Y entonces suena la mejor canción del mundo. Tu voz. Un sonido leve y soñoliento que rompe el silencio con un… Bon dia!!!

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