Dudas y certezas de una mamá embarazada…

Siempre he sentido la maternidad en mí. Y desde que acaricié la piel rosada de mi hija, por primera vez, he deseado volver a ser madre de nuevo una vez más.

Pero dejé pasar el tiempo. Que mi vida y la de mi hija se encauzaran y se equilibraran de manera natural.

Durante ese tiempo y muchas veces pienso en cómo y cuándo llegaría el momento en que ser madre de nuevo no pudiera restrasarse.

Pienso en si existe ese momento perfecto.

Pienso en mi hija, en si me sentiré mal por no poder atenderla tanto como ahora. Pienso en cómo se sentirá ella… estará lista para tener un hermanito?

Pienso en que me encantaría que no se destetara, y lactar en tandem.

Pienso en muchas cosas y todas ellas son preguntas sin respuestas, simples conjeturas o deseos hermosos…

Y así, un día esa maternidad latente vuelve a despertar con fuerza y descubro que no hay “momentos perfectos” sino el instinto, indomable, incontrolable e incontenible.

De repente esas dudas se disuelven, se evaporan… como lo hicieron anteriormente.

Una vez más todo es luz. Siento paz. Serenidad. Amor por esa nueva vida que ha de venir, si lo desea.

Esa claridad me permite entender que ambas estamos preparadas. Mi hija. Yo.

No son dudas, sino LA CERTEZA de que ésta nueva maternidad es un nuevo proceso de cambio, de evolución para ambas.

Tengo la certeza que cuando esta luz que crece en mi se abra camino para iluminar aún más nuestras vidas seguirá siendo una oportunidad para CRECER y APRENDER  a mejorar.

No hay dudas respecto a la futura maternidad… sólo la certeza que cada una de nosotras encontrará su lugar.

La luz que nace en mí

Siento mi cuerpo brillar… con una luz especial.

Tambien noto el temblor de mi piel emocionada.

Has sacudido mis emociones con violenta dulzura…

Luz en mi voz… esa voz que silenciosa y en secreto te dice que ya te ama.

Luz que nace en mí.

La vida en estado puro explotando en lo más profundo de mi cuerpo de mujer.

Mi útero se ilumina y se llena de tí. Te siente florecer, te siente palpitar.

Con tu hilo dorado me enredas, me atrapas, me unes a la vida y me unes a tí.

Eres luz de luna, rayo de sol y polvo de estrellas en lo más hondo de mi ser… brillando, brotando, creciendo en mí…

Vas llenándome de caricias furtivas, casi un tímido aleteo.

Vas llenando mi vientre y mis formas de mujer.

Vas llenándome misteriosamente de amor.

Y es que tú eres esa nueva y poderosa luz que habita en mí.

La diferencia es un valor

Hoy es un día muy especial para mí porque marca un antes y un después.

Quiero dedicar mis breves palabras a todas aquellas mamás y re-mamás que miman que están floreciendo en su maternidad de nuevo.

No quería dejar pasar la oportunidad de recordaros (y recordarme) que ser diferentes, sentirnos diferentes es duro a veces, pero es la forma de ser y desplegarnos en todo nuestro esplendor.

Soys mamás únicas e irrepetibles. Soys mamás de luz. Soys mamás de amor. Que portáis y habéis portado la vida en vuestras entrañas. Recordad siempre que ser diferentes os hace especiales. Ser diferente es un valor. Tenedlo siempre presente y sentiros unidas en la distancia por esa diferencia y por muchas similitudes.

Os quiero y os querré desde lo más profundo de mi corazón.

 

La mujer que era y la mujer que soy

Hace apenas dos años yo no era nada de lo que ahora soy. Siempre he oído decir que la maternidad te cambia la vida pero nunca me imaginé que me transformaría de éste modo tan profundo e irreversible.

Y es que ser madre se ha convertido en mucho más que tener un hijo. Ser madre es ahora una filosofia de vida. La maternidad me ha aportado una visión única y especial de la vida y no concibo que antes haya podido tener una vida donde mi hija no existía. Ella que ahora lo LLENA todo.

Hace apenas dos años me parecía una ilusión que se pudiera criar a un hijo sin gritar, pegar o castigarlo por sus acciones. Me parecía algo tan bonito pero a la vez tan raro… Cómo podía ser?? A mi me habían criado corrigiendo mi comportamiento cuando creían que no era el adecuado.Y no conocía ninguna otra forma de hacerlo.

Yo sentía que no quería hacerle eso a mi bebé. No quería que ese ser que llevaba en mi vientre se sintiera desamparado o humillado en modo alguno por mí, su madre. Una madre que se supone que debe amarle incondicionalmente y protegerle de injusticias. Una madre que debe respetarle sobre todas las cosas y con mucho más ímpetu en la infancia ya que, aunque de menor edad, el bebé no deja de ser una persona y se merece respeto como tal. Pero desconocia referencia alguna. No sabía cómo iba a llevar a cabo esa idea que a mi me parecia tan natural y necesaria como infrecuente.

Hace apenas dos años pensaba que un bebé debía dormir en su cuna, luego en su cama y acto seguido en “su” habitación. Creía que el bebé no sabía dormir y se le debía ayudar.

Hace apenas dos años no estaba segura si iba a “poder” dar el pecho ni cuánto tiempo lo iba a dar. Creía que eso dependería de mí y de mi circunstancias.

Pensaba que a los cuatro meses ya se le introducían alimentos y que la lactancia era inexistente a esa edad. Creía en las “ayudas” con biberón porque con el pecho se podían quedar con hambre. Pensaba que pasaban de los biberones a las papillas directamente, no conocía alternativa posible.

Hace apenas dos años pensaba que los bebés iban cómodos en el carrito.

Hace apenas dos años cuidaba mi alimentación. Pero no sabía nada sobre alimentación alternativa o respetuosa, sobre parabenes o sobre potenciadores del sabor.

Así que hace apenas dos años yo era otra mujer, igual en apariencia pero distinta, muy distinta en el fondo. El cambio ya empezó cuando me sentí embarazada. Gestaba a mi hija dentro de mí pero también se gestaban dudas e inquietudes sobre crianza y sobre la vida que vendría… Y empecé una búsqueda exaustiva de alternativas. Alternativas en la manera de críar a mi futuro bebé… Todo empezó en un blog conocido donde se habla de Bebés  y más cositas…  Ahí empecé a seguir día a día la evolución de mi embarazo, leía cómo crecía mi bebé en mi interior y me empapaba sobre artículos que me abrieron un nuevo abanico de posibilidades en la crianza.

Me familiaricé con conceptos nuevos: lactancia materna, lactancia artificial, crianza con apego, crianza respetuosa, respeto por los tiempos, colecho… y quise saber más!!! Continué adentrándome en un foro de crianza respetuosa. Ahí encontré muchas mamás maravillosas que explicaban sus experiencias en la crianza respetuosa. Para mí fue toda una revolución saber que había tantas y tantas mamás que estaban llevando a cabo la maternidad que yo quería sentir. Una maternidad consciente y respetuosa con mi futuro bebé. Pero seguía sin entender algunos conceptos. Por poner un ejemplo, seguía sin entender por qué un “cachete a tiempo” estaba mal… De verdad podía hacerse de otra forma? Todas ellas me evidenciaban que sí… pero yo no estaba preparada aún para entender la maternidad respetuosa en todo su conjunto.

Esa gran verdad, ese sentimiento revelador se abrió en mí el día que recogí de mi vientre a mi propia hija. Fué la pieza del puzle que me faltaba para verme a mi misma en perspectiva. Ella fue el detonante de mi revolución interior.

A los pocos días de  nacer  mi hija tuve la suerte que cayó en mis manos un libro: COMER, AMAR, MAMAR de Carlos Gonzalez. Fue otra pieza clave en ese puzle maternal. A ese libro, le han seguido muchos más, pero sus palabras prendieron la chispa para liberar la madre que en realidad quería ser. La madre y la persona que siempre había llevado dentro pero que no se había atrevido a salir, bien por presiones sociales o por normas silenciosas que interiorizamos desde pequeños.

Sentí más que nunca una conexión especial con aquellas mujeres que al igual que yo estaban en continua renovación interior para ser mejores madres y mejores personas.

Me sentía en harmonía y cómoda en mi reciente maternidad pues dejé de mirar el reloj y me abandoné a esa conexión recíproca con mi hija que me indicaba en cada momento lo que necesitaba. Me sentía enamorada de su tacto y de su piel al llevarla pegadita a mí en el fular. Así, piel con piel tenía todo lo que necesitaba a su alcance, el alimento que manaba de mi cuerpo a demanda, el calor y el arrullo que se desprendía de mi piel.  El sueño, como el alimento a demanda… los bebés ya saben dormir y no necesita que interfiramos para nada. Pasamos de la lactancia materna exclusiva a la introducción de alimentos en trocitos, nada de papillas. Me sentí LIBRE para dormir con ella, pues no deseaba separarme ni un instante. Todavía hoy, con casi 22 meses de vida me sorprendo en el silencio de la noche observándola en su hermosa quietud, a mi lado, acurrucada cerquita de mi pecho y de mi corazón.

Lo más maravilloso es que a día de hoy seguimos piel con piel, con pecho a demanda y colechando, me encanta sentir que respto su espacio y su tiempo. Me encanta sentir que evolucionamos juntas, cada una transformándonos y cambiando juntas pero individualmente en cada etapa.

He cambiado mi alimentación, no como carne ni pescado.

He cambiado mi modo de ver la feminidad y de sentir mi poder como mujer.

En general HE CAMBIADO. Ya no soy la mujer que era y sé que la mujer que soy ahora, pronto dejará de serlo porque estoy en continuo crecimiento y descubrimiento de mí misma.

Pero cambiar no es facil. Requiere constancia, apoyo externo y seguridad en tí misma y en lo que haces. Una seguridad que casi ninguna madre cree que tiene ya que muchas veces nos hacen sentir anuladas en nuestra toma de decisiones referentes a la maternidad. Un apoyo que debemos buscar muchas veces en la inmensidad del ciberespacio y una constancia que pocas veces tenemos la fuerza de invocar en el puerperrio. El cambio no es facil pero ES posible.

Ahora, me sorpendo de lo desinformada que estaba.

No pretendo aleccionar sobre la mejor manera de criar o educar a un hijo. Ésta es tan sólo la historia de mi transformación. Un cambio que realmente me ha hecho más feliz conmigo misma y con mi família.

Mirando al cielo

Pum-Pum…… Pum-Pum…… Pum-Pum…… Me encanta sentir esa melodía rítmica… Pum-Pum…. Pum-Pum…. Me dejo llevar y revoloteo en el vientre de mi madre. Me gusta el sonido de su corazón, esa torrente de vida que latido a latido me ha envuelto en amor y cariño durante casí nueve lunas.

Me dejo fluir en este néctar de la vida que ha sido mi hogar, mi alimento y mi piel. Pero necesito más! Estoy lista para desplegar mis alas llenas de color, de mágia y de ilusión. Necesito empaparme de vida más allá de éste útero cálido y amoroso que me ha visto crecer. Necesito desprenderme de ésta crisálide vaporosa y etérea y desplegar mis sueños alados, tan frágiles como reales.

Quiero abrirme paso, deslizarme por éste canal que me acoge amorosamente, que se abre y se desplega ante mis impasibles ganas de nacer. No hay vuelta atrás! Tiene que ser ahora, en este preciso instante. Quiero lanzarme hacia esa voz cálida que tan bien conozco. Esa voz que me llama emocionada y me dice que quiere conocerme, que va a amarme siempre, incondicionalmente. Esa voz que me hipnotiza, que me enamora… Esa voz que adoro y que me ha cantado y me ha contado tantas cosas bonitas…

Siento dolor al abrirme paso. Me cuesta moverme con desenvoltura. Creo que no he empezado a salir de mi crisálide bien colocada… Pero no voy a parar… sigo retorciéndome en mi empeño por llegar a esa voz silenciosa que me llama…

Mi madre llora. Está feliz.

Yo siento un tacto cálido y amoroso que me acaricia la coronilla y eso me da fuerzas, a pesar del dolor para sincronizar mis movimientos con los de mi madre…  Siento sus ganas y su necesidad de tenerme ahí. Y así, fusionadas, en un sólo vayvén acompasado siento unas manos que me acogen amorosas… y una explosión emocional muy fuerte… Por fin estoy contigo Mamá! He nacido mirando al cielo. Así quiero decirte que no voy a darme por vencido en ésta vida. He nacido mirando al cielo como una promesa de esperanza e ilusión. He nacido mirando al cielo y en éste instante desplego mis mágicas e invisibles alas ante este mundo infinito en posibilidades y que acabo de descubrir. Puedo ser lo que quiera ser!

Lloro. Necesito limpiar mis pulmones física y emocionalmente. Desprenderme de fluidos que ya  no necesito y desprenderme de ese dolor que me ha acompañado hasta que esas manos me han acogido, ávidas de mí, de mi calor y de mi piel.

Oigo tu voz, a lo lejos… Me llamas como siempre, amorosa… “Mi cariño chiquito, te ha dolido?” me preguntas. Y eso me reconforta… La melodía de tu voz y el calor de tu piel desnuda que me acoge, tu olor que me embriaga… Siento una necesidad dolorosa de contacto y de movimiento… Un olor dulzón me llama…  Y lo encuentro… Me deslizo hasta tu pecho… y siento, de nuevo el velo protector de aquella crisálida que he dejado atrás… Y me lleno de tí, me alimento de tí, me envuelvo en tu olor de madre y me dejo mecer en un abrazo amoroso, las dos transportadas por un solo ritmo al compás del sonido más dulce del mundo… Pum-Pum…. Pum-Pum….Pum-Pum…

Mi embarazo. Un descubrimiento revolucionario.

Descubrir que estaba embarazada fue revolucionario. No sólo mis sentimientos estaban alborotados y puestos a prueba, sino ahora, mi cuerpo también se descubria y se abandonaba, gustoso, al cambio.

Descubrir que ese deseo tan profundo de ser madre había gestado una nueva vida en mi interior fue revolucionario. Un sentimiento indescriptible de amor incondicional se filtraba por cada poro de mi piel. Ya hacía tiempo que amaba a ese ser que estaba creciendo dentro de mí. Incluso antes de que llegara.

Me descubrí más radiante que nunca. Descubrí que había un nuevo YO dentro de mí. Mi YO maternal floreció en una explosión de sensaciones increibles.

Deambulaba en un mundo paralelo donde nada ni nadie era capaz de alcanzarme.  Me sentía diferente y la misma al mismo tiempo.  Era un estado de felicidad consciente y constante. Tiempo después descubrí que, en parte, ese estado se debía a las hormonas que revoloteaban por mi piel las que me producían aquel estado de embriaguez emocional.

Así que me dejé fluir en ese sentir de madre. Conecté con ese bebé que estaba creciendo dentro de mí y desconecté de todo lo demás.

Disfruté de mi embarazo de un modo inimaginable. Me encantó ver crecer a ese ser tan deseado. Lloré al sentir tu primer aleteo. Unas burbujitas imperceptibles y tímidas al principio, y un torbellino podo tiempo después! Lloré la primera vez que respondiste al nombre cariñoso que te dí “mi cariño chiquito”… Dulces palabras que aprendiste a reconocer y a responderlas con caricias entrañables que nunca olvidaré.

Lloré la primera vez que te vi, a través de las ondas y las lágrimas… Eras mi lentejilla. Cómo algo tan pequeño podía desencadenar unos sentimientos tan grandes?? Me sorpendiste entonces y me sigues sorprendiendo ahora!

Me enternezco al recordar todas las conversaciones que mantuve con mi tripita incipiente. Hija mía, sabía que mis sentimientos te alimentaban de la misma manera que lo hacía mi cuerpo. Sabía que mi felicidad era la tuya.

Lloré muchas veces en esos escasos nueve meses. Pero han sido las lágrimas más dulces que he derramado jamás.

No me costó nada sentir mi cuerpo crecer y adaptarse a tí. En cierto modo era como irnos conociendo, creciendo y acomodándonos juntas. Sentirte dentro, sentirte madurar en mi interior ha sido una experiencia única que me ha transformado para siempre. Ser madre ha sido y es toda una revolución que empezó justo en ese instante en el que llegaste a mí.

Pero todavía no era consciente del poder ancestral que esconde el cuerpo de mujer. Todavía había una parte instintiva de mi que seguía dormida. Aguardando a que algo o alguien viniera a sacudirla y despertarla de una vez por todas.

La doble búsqueda

Una vez se desató la tempestad maternal en mi interior quise ponerme a cubierto de tantas emociones incontrolables. De hecho, no lo conseguí. Esa espiral de sensaciones maternales me dibujaban un camino lleno de color… pero también lleno de sombras…

Afloraron las dudas. Dudas sobre mi fertilidad. Dudas sobre cómo ser una buena madre. Dudas sobre cómo educar. Dudas sobre si biberón o pecho. Preguntas y más preguntas a las que intentaba desesperadamente buscar respuesta. Me costó mi tiempo reconocer que eran preguntas inevitables, sí, pero inútiles. Esas preguntas acallaban mi voz interior y silenciaban mi instinto de madre. Pero entonces, yo no lo sabía y seguía buscando respuestas a todo como si así pudiera controlar esta nueva vida a la que recien me asomaba.

Afloraron los miedos. Y resurgieron recuerdos infantiles. Miedo y dolor por el pasado… Miedo a transmitir esas vibraciones a mi bebé aún sin concebir pero que ya sentía como mío. Mi peor temor era herir en modo alguno el alma pura de ese ser que estaba por venir. Era (y es) algo imperdonable para mí.

La sensación liberadora de ser madre me enfrentaba a mi niñez y a mi pasado y me empujaba tímidamente a un futuro con sensaciones encontradas. Sentía ilusión por formar una familia pero también miedo a no saber hacerlo, miedo emocional. Un temor que hundía sus raíces en un suelo turbulento y se alimentaba de antiguos rencores infantiles…

Qué duras sensaciones. Qué complejidad de matices emocionales y qué dificil ser sincera conmigo misma! Pero tenía claro que debía sanar esas heridas abiertas y que no iba a ser camino facil. Aún a día de hoy sigo curándolas poco a poco, con mucha paciencia.

Me encontraba en una búsqueda paralela. Como mujer daadora de vida quería concebir. Como mujer imperfecta quería encontrar y enfrentarme a esos errores del pasado. Quería aprender a no proyectarlos en el futuro.

Sé que la búsqueda de una nueva vida pasa por reconstruir la mía propia. Sé que la búsqueda empezó en ese momento y todavía hoy persigo a esa madre completa que quiero ser. Esa madre fuerte y completa.

Toda mujer debería emprender su camino como madre libre de culpas, limpia en su dolor y pura en sus emociones. Sin rencores del pasado. Sólo así podría ser la madre instintiva y arcana que el bebé necesita para alimentarse y nutrirse emocionalmente. Sólo así una madre puede brillar en todo su explendor. Y qué dificil tarea… Sospecho que me va a faltar tiempo en ésta vida… y en la próxima, si la hubiera…

Sólo quedaba hablar con mi pareja. Le conté mis emociones. Le hice sentir todo ese torbellino que había en mi interior. El necesitó su tiempo para asimilar esa transformación en mi, pero llegó el momento en que estuvo listo, él también quería ser papá.

Ya estábamos preparados.

Y de un día para otro… sin saberlo, ya éramos tres…

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