Mamá trabaja desde casa!

m5m

Sabías que actualmente, 5 millones de niños fallecen anualmente por malnutrición? Pues yo ayudo a que obtengan la nutrición que necesitan a la vez que mejoro la mía propia.

Cómo lo hago? Pues trabajando para una empresa social.

La empresa se llama Mannatech  y se fundó hace 20 años por Sam Caster, que junto con su mujer, Linda Caster,  decidió que aparte de cambiar el mundo con sus suplementos nutricionales únicos, cambiaría el mundo de los menos afortunados. Igual que en el caso de Blake Mycoskie que fundó TOMS Shoes, regalando un par de zapatillas a los niños pobres de Argentina por cada par de zapatos que se compra de su marca.

Para mí tiene mucho valor trabajar para una empresa no solo formada por grandes personas sino por grandes corazones que se preocupan por los demás.

Además, la base de sus productos de salud son los gliconutrientes. Seguramente no habrás oído hablar de gliconutrición, pues es tecnología única y patentada que no se puede encontrar fuera de la compañía, lo que convierte éstos productos en únicos y exclusivos. (Si te interesa contacta conmigo en infogliconutricion@gmail.com)

Te adjunto un vídeo para que veas cómo trabajan, en conjunto, estos gliconutrientes:

http://www.youtube.com/watch?v=cyZK012Iee8

Ésta empresa me permite ser mamá a tiempo completo ya que soy yo la que decide cuántas horas dedico a trabajar. Ésto me permite lo que he deseado desde el primer segundo que tuve a mi hija en brazos; pasar más tiempo con ella y ahora, también, con su hermanito.

El hecho de estar juntos mucho más que antes los hace estar más tranquilos y más felices, pues lo único que necesitan los hijos para disfrutar de la vida es estar con sus padres todo el tiempo posible.

En definitiva, éste trabajo me permite potenciar tanto mi faceta profesional como la de madre… Y estoy encantada!!

Una madre…

SOLEDAD

 

Una madre está triste.

Una madre llora y siente dolor ante la despedida que se aproxima.

Esa madre tiembla ante la sola idea de separarse de su cachorrita… Sufre y se siente incomprendida…

Ha de volver a trabajar, volver a una sociedad donde no hay conciliación con la maternidad. Donde sientes que abandonas a tu bebé para ir a un lugar donde no quieres estar y donde no puedes SER esa nueva persona en la que te has convertido, una madre.

Ese frío lugar donde se deshacen los sueños, donde desaparecen las caricias compartidas, donde sólo queda el vacío que deja esa cruel separación.

Una madre llora y llorará, pues esos dos corazones que danzaban al unísono, ahora es uno y late en soledad.

Una madre llora y llorará, pues ese quemazón en el alma, no desaparece ni se cura con el tiempo.

Eres UNA y eres MUCHAS… Siente nuestro calor, nuestro apoyo y nuestra comprensión pues compartimos contigo éste hermoso, y a veces, doloroso camino que es la maternidad.

 

 

Mi mundo ideal

Bienvenidos y bienvenidas a mi mundo ideal.

En éste mundo no hay cabida para la destrucción emocional, la violencia ni el desprecio por la vida. En mi mundo ideal todo está impregnado de amor, paciencia y empatía.

En mi rincón personal no existe la adoración por el dinero, por la acumulación de bienes ni el culto por el poder.

En este pedacito mío no vivimos en pisos. Los pisos son lugares cerrados, aislados de la manada y de la tribu tan necesaria para sobrevivir como familia. Los pisos son el entorno menos indicado para crecer. Los bebés se ven confinados y limitados en el espacio y en sus actos. “No toque ésto” “No te subas ahí” “No hagas” “No deshagas”… Y toda una retahila de noes que más que afianzar la confianza en uno mismo, lo que hace es levantar una barrera impenetrable de inseguridades y desconfianzas. Esos miedos los acarreamos y les damos forma en la edad adulta y es muy dificil librarse de ellos.

En mi mundo ideal la vida fluye… te sientes en sintonía y en conexión contigo mismo. No tienes carencias personales.

En mi mundo ideal lo que prima es la familia y su entorno. Una familia que no está desmembrada por la sociedad y un entorno natural donde los niños puedan crecer sin limitación. Los padres pueden compaginar su vida personal y familiar con su vida laboral, si así lo desean.

Aquí los padres y las madres no tienen la necesidad de escoger entre lo que más quieren en la vida y entre lo que necesitan para vivir.

Es un mundo justo. Cada uno escoge LIBREMENTE el camino que desea seguir. Siempre desde el respeto personal y ajeno.

En este mundo no siento un dolor indescriptible al separarme de mi hija cada mañana. Ni me paso el sintiendo su presencia sin estar. Queriéndola abrazar sin poder. Oyendo su risa sin reir.

En éste mundo no siento un nudo en las entrañas al sentirte lejos porqué estás aquí conmigo a cada instante. Compartimos miradas cómplices y  juegos sin sentido. Compartimos silencios que lo dicen todo.

Mi pequeña preciosa… ésta es la vida que te quiero regalar. Una vida donde lo más importante PUEDAN ser tus propios hijos. Ellos sobre todo lo demás. Una vida donde no tengas que elegir entre una separación forzosa o el instinto maternal.

En mi mundo ideal el cambio empieza en mí y, luego, transforma todo lo demás.

#PapaConcilia crees que estoy pidiendo demasiado?

Aquí otros blogs que participan en éste carnaval:


ConcienCiliación

Si busco concienciar en el diccionario, me encuentro con la siguiente definición: “Hacer que alguien sea consciente de algo, que lo conozca y sepa de su alcance.”

Por qué me he molestado?, te preguntarás, pues porque últimamente aquello que en mi vida como mamá reciente era “tolerado” ahora pretenden convencerme de que es dañino o repercute negativamente en mí y en mi hija.

Me explico. Ya hace casi 19 meses que soy mamá. Al principio, dar el pecho está bien. Hasta que pasas de las famosas 16 semanas de baja maternal. Entonces pasas a ser como un especímen a parte. Lo rara que te hacen sentir va directamente proporcional al tiempo que des el pecho. Con 19 meses ya ni te cuento: que si tu leche es agua, que si eso es vicio, que si te usa de chupete… En definitiva, me miran como si quisiera seguir infantilizando a mi hija, como si quisiera negarle crecer y convertirse en una niña al seguir tomando pecho, un pecho que, según ellos, ya no alimenta…

Lo mismo pasa con el colecho. Al principio, lo llegan a “entender” (yo creo que nunca) porque das el pecho. Conforme pasa el tiempo, esa mirada de “ay! queteestásequivocandoyateloencontrarás…” se convierten en desaprovación total. Aquí las advertencias son claras: es por tu bien, nunca va a irse de tu cama, ya es grande para dormir acompañada, te arrepentirás cuando sea mayor… Lo peor es que quien más critica menos quiere saber o entender del tema.

También me encuentro ese problema con la comida. Al principio fue por el BLW. Con seis meses mi hija empezó a comer entero y en trocitos. Nos hemos saltado la etapa de las papillas. Aquí todo el mundo con cara de susto. Me hicieron sentir irresponsable por no seguir el “método tradicional” de introducción de alimentos.

Aprovecho para recordar el tema del porteo. Con 3 meses, lo encuentran extrovertido, pero “aceptable”. Con 19 meses, directamente me tachan de loca. Se preocupan por mi espalda pero nadie pregunta por cómo me hace sentir llevar a mi niña cerca del corazón.

Por mi, y por otras mamás incomprendidas, inaceptadas o sencillamente ingoradas en su “excentricismo” hago examen de conciencia.

Por mi y por ellas no voy a callar. Es más, NO DEBO callar ante comentarios injustificados y insostenibles. Ellos hablan desde la seguridad que les da su ingoráncia. Yo desde el amor y el respeto, y por qué no, desde mi experiencia, que aunque sea distinta es totalmente válida.

Es aquí donde entra en juego la palabra concienciar. Hay que hacer que la gente conozca y sepa el alcance que tiene la crianza con apego, la lactancia materna, el porteo, el colecho… Sólo así abriremos las mentes más cerradas e iremos sembrando la semilla de la duda para que busquen y se informen por ellos mismos.

Si callamos, si nos silenciamos por ser educadas o dejamos de concienciar, dejamos de defender lo que por naturaleza es del ser humano. La crianza con el corazón, la cercanía y el respeto.

Siempre he tenido la certeza, infantil al fin y al cabo, de que había nacido para hacer algo especial. Mi hija me ha hecho comprender que ahora es mi momento. Mi punto de inflexión. Ahora es cuando al abrir conciencias, al alzar la voz, al defender lo que siento ante mí y ante ella hago posible un cambio de mentalidad. Una brecha entre generaciones donde por fin romperé con la forma tradicional de crianza y le ofreceré a mi hija un modelo diferente donde el autoritarismo y el llanto desatendido no tienen cabida.

Por mi, por las demás mamás y por mi hija debo concienciar.

Si busco conciliar, me encuentro con lo siguiente: “Conformar, hacer concordes o compatibles dos o más elementos que son o parecen contrarios.”

En éste punto, juega un papel vital la palabra conciliar. Una vez me he liberado de antiguas ataduras, de rencores del pasado. Una vez he tomado conciencia de quién soy y de la madre que quiero ser ante mí y ante el mundo, me encuentro con que la sociedad no está preparada para dejarme SER.

Hay que reconciliar la maternidad respetuosa y consciente con la sociedad, altamente consumista. Consumista en todos los aspectos… te absorve y hace que tu mundo personal, tu mundo familiar se tambalee hasta derrumbarse. La sociedad capitalista te anula como persona y como madre. Realza valores económicos por encima de los personales. Por ello hay que ConcienCiliar dar a conocer otras maneras de educar, la crianza desde el respeto y tener el derecho a compatibilizar esa manera de vivir con todas las áreas de tu vida.

Hay que acercar distancias entre la familia y la sociedad en general. Hay que construir un mundo consciente del cambio de mentalidad. Consciente de que una nueva revolución está emergiendo. Porque una vez que sientes el cambio en tí, no hay vuelta atrás. No puedes volver a ser la que eras.

Se puede volver al trabajo, si una lo desea, pero también debería permitírsele la opción, y respetarla, a la madre que eliga quedarse con sus hijos. Deberían evitarse los juicios de valor por aquella madre que amamanta más allá de la media o que portee a niños mayores o que coleche… entre muchas otras cosas. Queda mucho por concienciar y por conciliar pero ambas van de la mano del RESPETO. Respeto por tener opiniones y maneras de hacer distintas pero que son tan válidas como cualquier otra. Esa es mi reivindicación.

Mi reflexión es que hay que concienciar para conciliar. Y como dicen por ahí “sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”.

Una concienciación real ya para una conciliación real ya.

Porque los hijos de hoy, son los hombres del mañana.

Conciliación Real ¿Ya?

 

Llevamos unos días de mucha revolución, con la creación del grupo de Facebook Conciliación Real ¡Ya! por iniciativa de Ira, de Ma a ma, pell a pell, cor amb cor (podéis ver la entrada que sembró la semillita aquí).

Son días de mucho darle vueltas al asunto, de intentar buscar propuestas, recogiendo las diversas opiniones de madres y padres implicados con la crianza de sus hijos y unidos por la misma desazón: la dificultad de conciliar la vida laboral con la familiar.

Y es que ¿con quién van a estar mejor nuestros hijos que con nosotros mismos? Muchas veces me han hecho la misma pregunta: ¿y tu hija va a la guardería? y a pesar de que algunos intentarán cantarnos las excelencias del bien que les hace, porque necesitan socializarse, blablabla, incluso estos acaban diciendo que como en casa en ningún sitio. Ya, pero en casa de los abuelos, no en mi casa, nuestro hogar… Cierto es que yo puedo ser considerada muy afortunada, tengo un horario bastante bueno y paso todas las tardes con mi pequeña, pero no puedo evitar mirar con envidia a mis padres cuando llego al mediodía y me cuentan una nueva hazaña de mi bombón.

Siempre hay algo nuevo, algo que ha hecho por primera vez y no estaba yo para ser testigo del paso del tiempo, de como mi pequeña se va convirtiendo en una niña, de todas esas historietas que me cuentan henchidos de orgullo y que hacen que nos partamos de risa con sus ocurrencias.

Recuerdo perfectamente mi incorporación al trabajo una vez terminadas las 16 escasas semanas del permiso de maternidad. Me debatía entre dos frentes, por un lado el dejar a mi pequeña, de la que no me había separado en ese tiempo, y por el otro mi sentido de la responsabilidad, ya que no podía evitar sentir que estaba fallando a la empresa por ese tiempo de “vacaciones”. Quería llegar y estar a tope, pero no podía evitar irme al baño y sentirme fatal, sentir que estaba traicionando a mi pequeña, que con quien tenía que estar era conmigo. Y era pensar en ella, o hablar de ella o lo que sea, y mis pechos se ponían duros como piedras y lloraban leche.

Cada vez que la iba a buscar a casa de mis padres, aunque acabara de comer, se enganchaba siempre al pecho, para recuperar el tiempo perdido, y pasamos las tardes bien pegadita la una a la otra.

Hasta que la niña cumplió un año, fue su padre quien la llevaba todos los días, ya que por horarios entraba una hora más tarde que yo y así no le pegábamos tanto madrugón. Yo lo agradecía, ya que cuando la llevaba yo la niña lloraba amargamente, y si la llevaba mi marido parecía llevarlo mejor. A partir del año, fui yo quien la iba a llevar (además de recogerla) y nos costó mucho a las dos adaptarnos, aún es el día de hoy (tiene 19 meses) que llora a veces cuando la dejo con los abuelos, y yo me voy a trabajar con un nudo en el estómago.

Una de las cosas que me costó mucho fue el mantener el ritmo de extracción de leche. En el trabajo no tenía opción de sacarme leche, así que me tocaba hacerlo por las mañanas y al mediodía, y a ratitos libres por la tarde. Me costó muchísimo estar así hasta que la niña cumplió 15 meses, necesitaba sacarme todos los días 300 ml y no siempre lo conseguía. La mayor parte de las mañanas sacaba muy poco, porque la niña había estado toda la noche enganchada al pecho, y al mediodía ya se encargaba ella de vaciarme de nuevo en cuanto me veía… Fue una locura, empecé a sacarme leche unas 6 semanas antes de incorporarme y si pudiera volver atrás en el tiempo, lo hubiera hecho desde el principio. Vivía angustiada pensando en el dichoso sacaleches, me fabriqué un sujetador manos libres casero, y me sacaba leche todos los días, a veces me parecía que no hacía otra cosa!

Y es que mi peque fue de las que sí aceptó el biberón de la leche de mamá y demandaba dos biberones de 150 ml, así que os podéis hacer a la idea de lo duro que fue…

En fin, creo que ha resultado una entrada de lo más caótica, ya que son tantos sentimientos acumulados que no puedo más que hacer un batiburrillo de ellos, me salen a trompicones, espero que me perdonéis.

No puedo más que enlazar con la página de Facebook que tiene Conciliación Real Ya desde ayer, para que todos se unan por esta causa.

 

Han pasado por aquí

  • 165,400 personas