Evolución de la lactancia durante el embarazo

lactancia y embarazo

 

La lactancia es un vínculo mágico y especial que nace y crece junto al hijo que traemos al mundo. Pero existe todavía mucha desinformación al respecto y eso hace que esta manera de alimentar a nuestros hijos emocional y físicamente se acorte en el tiempo hasta desaparecer tempranamente.

Yo sabía que un embarazo no era razón para dejar de amamantar a mi pequeña, pero me he cruzado con miradas que, silenciosas, me mostraban su asombro, su duda y su inquietud ante lo que estaban viendo.

Estas palabras que voy a escribir a continuación son las que me hubiera gustado encontrarme a mí en lo que llevo de embarazo. Porque sí se habla de que la lactancia en la gestación no perjudica en absoluto ni a la madre ni al hijo pero cuesta encontrar experiencias que enciendan la luz en éste camino lamentablemente poco transitado.

Durante las dos primeras semanas de embarazo, aún desconocía que había una vida en mí, pero hubo alguien que sí lo supo antes que nadie. Mi rubita preciosa empezó a reclamar muchas muchísimas más tomas de las habituales, cual bebé recien nacido se aferraba largos ratos al pecho y se llenaba de mimos, caricias y abrazos.

En un primer momento no lo asocié a un posible embarazo, pero con el paso de los días en mi cuerpo despertó una intuición, quizà alimentada por esa luz que ya me llenaba… Y empecé a preguntarme si sería posible esa relación entre aumento de tomas y una gestación…

A la tercera semana de éste comportamiento, el test dió positivo. Así que, en mi caso particular, afirmo que ha habido una asociación directa entre ambos hechos.

A lo largo de las semanas siguientes la demanda volvió a regularse. Se hizo de nuevo más tranquila, pausada y relajada. Supongo que a medida que el embarazo avanzaba y se estabilizaban mis niveles hormonales, también se estabilizaron todas las emociones que transmitía a mi hija a través del pecho.

Al llegar a la semana 20 aproximadamente noté una bajada de producción considerable. Llegué a preguntarme si este sería el motivo de un posible destete. Pero enseguida desterré la duda y me entregué sin más a mi pequeña, sin preocupaciones. Lo que tuviera que ser sería, pero yo iba a disfrutar esos momentos como si fueran oro puro.

Y así, con menos producción pero con el mismo apetito de calor y alimento llegamos a la semana 27. A partir de esta semana noto que mi pequeña hace unas caquitas que me llaman la atención. Son más deshechas pero sin ser líquidas y son menos densas y de diferente color… Me doy cuenta que mis pechos se vanllenado ya de calostro!! Y que es ese cambio en mí el que ha producido ese cambio en sus heces.

Semana 36-37 y seguimos lactando y compartiendo y apurando nuestro tiempo juntas, pues sé que en cualquier instante estos momentos ya no serán solo nuestros.

Pronto vendrá esa hermosa luz que reclamará su lugar junto a nosotras. Sé que no sólo se alimentará de mi pecho y mi calor, también sentirá el abrazo amoroso de su hermana.

E imaginando esa hermosa imagen dejo pasar los días… esperándote…

 

 

 

Dudas y certezas de una mamá embarazada…

Siempre he sentido la maternidad en mí. Y desde que acaricié la piel rosada de mi hija, por primera vez, he deseado volver a ser madre de nuevo una vez más.

Pero dejé pasar el tiempo. Que mi vida y la de mi hija se encauzaran y se equilibraran de manera natural.

Durante ese tiempo y muchas veces pienso en cómo y cuándo llegaría el momento en que ser madre de nuevo no pudiera restrasarse.

Pienso en si existe ese momento perfecto.

Pienso en mi hija, en si me sentiré mal por no poder atenderla tanto como ahora. Pienso en cómo se sentirá ella… estará lista para tener un hermanito?

Pienso en que me encantaría que no se destetara, y lactar en tandem.

Pienso en muchas cosas y todas ellas son preguntas sin respuestas, simples conjeturas o deseos hermosos…

Y así, un día esa maternidad latente vuelve a despertar con fuerza y descubro que no hay “momentos perfectos” sino el instinto, indomable, incontrolable e incontenible.

De repente esas dudas se disuelven, se evaporan… como lo hicieron anteriormente.

Una vez más todo es luz. Siento paz. Serenidad. Amor por esa nueva vida que ha de venir, si lo desea.

Esa claridad me permite entender que ambas estamos preparadas. Mi hija. Yo.

No son dudas, sino LA CERTEZA de que ésta nueva maternidad es un nuevo proceso de cambio, de evolución para ambas.

Tengo la certeza que cuando esta luz que crece en mi se abra camino para iluminar aún más nuestras vidas seguirá siendo una oportunidad para CRECER y APRENDER  a mejorar.

No hay dudas respecto a la futura maternidad… sólo la certeza que cada una de nosotras encontrará su lugar.

Ahora, tendrás que dejar de dar el pecho!!!

Nada me sorprendía ya a éstas alturas.

Después de 27 meses de lactancia materna y ahora florenciendo en mí una nueva vida, estos comentarios son la mínima expresión del profundo desconocimiento que se tiene sobre la lactancia y su continuidad a lo largo del tiempo.

Lo curioso es que esta ignorancia no proviene únicamente de personas desinformadas de a pié sino incluso de profesionales titulados al cuidado de los propios bebés o niños.

Hay que reconocer que es dificil, aunque debería ser lo natural, ver a mamás amamantando más allá de la media española (que si no recuerdo mal se situa alrededor de los tres meses). Por tanto estoy acostumbrada a miradas de asombro o a preguntas tímidas… y sobre todo a preguntas que por desconocimiento suelen ser desafortunadas.

Así que una vez dada la noticia sobre mi segundo embarazo empezó un goteo contínuo, no de preguntas, sino de afirmaciones sin sentido o sin fundamento referentes a si debo o no continuar la lactancia con mi hija ahora que estoy embarazada.

Pues bien, para empezar:

Escuchadme bien. Ésta decisión es única e intransferible. No depende de vosotros, de vuestra insistencia o de vuestra tozudez. Es una decisión que únicamente nos atañe a mi hija y a mí. Y si a nosotras no nos importa, ni nos molesta, ni nos planteamos dejar la lactancia materna… por qué, con todos mis respetos, debería importaros a vosotros?

Asi que NO! AHORA, NO TENGO QUE DEJAR DE DAR EL PECHO.

Para continuar, sepais que no nos perjudica, no pierdo en salud, no daño al bebé que llevo en mi vientre.

Al contrario. Fortalezco el vínculo de seguridad con mi hija. Le aporto alimento, calor y bienestar. Del bebé no os preocupéis, obtiene todo lo que necesita a través de mí. Y una vez nacido, si mi hija sigue tomando pecho compartiran un fuerte lazo y un vínculo especial a la par que mágico.

Así que NO! AHORA, NO TENGO QUE DEJAR DE DAR EL PECHO.

Y para finalizar, te hablo directamente a tí. Seas madre primeriza o no. Hayas pensado en amamantar o no. Te hablo emocionada, casi temblorosa. La lactancia materna es vida en estado puro. Se adapta, cambia, fluye…  Da vida.

La lactancia materna no tiene horario. Olvídate del reloj, de los tiempos. El pecho se da a demanda, como se dan los besos. No cada dos horas o cada tres. Eso no es a demanda, eso es cada dos horas o cada tres.

La lactancia no tiene un lugar, ni unas reglas. Se dá en cualquier parte cuando y donde el pequeño lo necesite.

La lactancia es infinita en todos los sentidos. Aporta mucho más que alimento y no tiene fecha de caducidad.

Mamá, no dudes de la sabiduría de tu cuerpo. No dudes de la sabiduría de esa personita que tienes en brazos o llevas en tu vientre. El vínculo y la lactancia es vuestra. Deja atrás prejuicios y malos juicios… Adáptate, cambia y fluye!!!!! Llénate de vida y regala vida!!!!!!

Asi que NO! AHORA, NO TENGO QUE DEJAR DE DAR EL PECHO !!!!!!!

Con mi experiencia personal me uno al día mundial de la LACTANCIA MATERNA!!!

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Si tienes dudas, ínformate!!!

http://www.bebesymas.com/lactancia/se-puede-dar-el-pecho-embarazada

http://albalactanciamaterna.org/lactancia/lactancia-materna-durante-el-embarazo-y-en-tandem

La varicela

Mi cariño chiquito… la pasada semana descubrí unas manchitas coloradas en tu blanquecina y preciosa piel… La duda y el asombro me invadían lentamente. Decídí no perder de vista esos dos puntitos rojos, así que pasé el día empapándome de tu olor cada dos por tres y, de reojo, miraba frente a frente esas rojeces y les decía que se mantuvieran a ralla… Pero no me hicieron caso… Y florecieron más manchitas a lo ancho y largo de tu cuerpecito precioso.

Visita al pediatra. Enfado monumental. Pues querían que te desnudara sin miramientos y te dejara llorando en la camilla mientras alguien desconocido te revolvía en busca de un diagnóstico. En medio de aquel torbellino, de aquellas prisas, respiré hondo y le pesara a quien le pesara, te desnudé pidiéndote permiso y suavemente, pues sabía lo asustada que estabas. En todo momento estuviste en mi regazo y mi pecho cerca para poderte consolar. Confirmado: diagnóstico varicela.

Por primera vez en casi dos años abrazo a ese cuerpecito caliente y enfermo. De camino a casa me fui repitiendo que tu cuerpo es sabio… Tu cuerpo sabría cómo actuar mejor que yo pero que tu angustiada mamá no iba a separarse de tí en todo el proceso. Yo tampoco estaba muy bien ni ánimica ni físicamente, los resfriados de éste invierno, uno detrás de otro me han hecho estragos y no acabo de sanar. Así que me tomé unos días de vacaciones para permitirme estar enferma, sin prisas ni agobios, y para ser yo quien esté a tu lado en esta experiencia tan nueva para tí como para mí.

Ésta semana ha sido como volver al pasado. Has vuelto a mí convertida en aquel bebé que recien salió de mi vientre, vulnerable e indefenso a la par que tierno y embriagador. Has conseguido, una vez más que mi más feroz instinto materno haya salido a la luz.

La fiebre llegó y lo envolvió todo… El sueño y el cansancio aunaban esfuerzos y te sumían en un duermevela constante pues tu cuerpo estaba librando una feroz batalla contra un potente virus. Eras como un barco en plena tempestad, fuerte y desafiante. Yo me convertí en ese mar que te mecía y te acompañaba en las subidad y bajadas. Yo me convertí en un lecho donde descansar. Toda mi piel deseaba acogerte amorosamente y que encontraras tu lugar en mí. Un lugar donde reposar, un lugar donde alimentarte, un lugar donde sentirte segura y protegida. Un lugar donde sanar heridas y recuperar fuerzas.

En ésta semana he sido todo eso para tí. Pero quiero que sepas que tú has sido mucho, mucho más para mí!! Tú has sido mi tabla de salvación en ésta tempestad emocional en la que me encontraba. Pues la cercanía de tu cuerpecito debil pegado al mío día y noche, noche y día, han conseguido desprender de mí las emociones más negras que el día a día amontonaba en mí. Estar piel a piel, en contacto permanente e ininterrumpido me ha despojado de cualquier carga emocional que pudiera acarrear y me ha infundido amor, mucho amor.

Siento que tengo que agradecerte tanto!! Siento que me he abandonado a tí y siento que lo necesitaba!! Sin prisas, sin horarios, sin presiones, sólo tu y yo y nuestros corazones latiendo en sintonía. Siento que has sido tú quien me ha curado. Has sido el aire fresco que necesitaba para volver a respirar!! A pesar de tu enfermedad, siento que has sido tú, una vez más, quien me ha enseñado una gran lección. Y es que la vida hay que saborearla lentamente para digerirla mejor!!

Jamás en lo que me queda de vida sabré cómo agradecerte el cambio que obras en mí. Te quiero, mi amor!!

La mujer que era y la mujer que soy

Hace apenas dos años yo no era nada de lo que ahora soy. Siempre he oído decir que la maternidad te cambia la vida pero nunca me imaginé que me transformaría de éste modo tan profundo e irreversible.

Y es que ser madre se ha convertido en mucho más que tener un hijo. Ser madre es ahora una filosofia de vida. La maternidad me ha aportado una visión única y especial de la vida y no concibo que antes haya podido tener una vida donde mi hija no existía. Ella que ahora lo LLENA todo.

Hace apenas dos años me parecía una ilusión que se pudiera criar a un hijo sin gritar, pegar o castigarlo por sus acciones. Me parecía algo tan bonito pero a la vez tan raro… Cómo podía ser?? A mi me habían criado corrigiendo mi comportamiento cuando creían que no era el adecuado.Y no conocía ninguna otra forma de hacerlo.

Yo sentía que no quería hacerle eso a mi bebé. No quería que ese ser que llevaba en mi vientre se sintiera desamparado o humillado en modo alguno por mí, su madre. Una madre que se supone que debe amarle incondicionalmente y protegerle de injusticias. Una madre que debe respetarle sobre todas las cosas y con mucho más ímpetu en la infancia ya que, aunque de menor edad, el bebé no deja de ser una persona y se merece respeto como tal. Pero desconocia referencia alguna. No sabía cómo iba a llevar a cabo esa idea que a mi me parecia tan natural y necesaria como infrecuente.

Hace apenas dos años pensaba que un bebé debía dormir en su cuna, luego en su cama y acto seguido en “su” habitación. Creía que el bebé no sabía dormir y se le debía ayudar.

Hace apenas dos años no estaba segura si iba a “poder” dar el pecho ni cuánto tiempo lo iba a dar. Creía que eso dependería de mí y de mi circunstancias.

Pensaba que a los cuatro meses ya se le introducían alimentos y que la lactancia era inexistente a esa edad. Creía en las “ayudas” con biberón porque con el pecho se podían quedar con hambre. Pensaba que pasaban de los biberones a las papillas directamente, no conocía alternativa posible.

Hace apenas dos años pensaba que los bebés iban cómodos en el carrito.

Hace apenas dos años cuidaba mi alimentación. Pero no sabía nada sobre alimentación alternativa o respetuosa, sobre parabenes o sobre potenciadores del sabor.

Así que hace apenas dos años yo era otra mujer, igual en apariencia pero distinta, muy distinta en el fondo. El cambio ya empezó cuando me sentí embarazada. Gestaba a mi hija dentro de mí pero también se gestaban dudas e inquietudes sobre crianza y sobre la vida que vendría… Y empecé una búsqueda exaustiva de alternativas. Alternativas en la manera de críar a mi futuro bebé… Todo empezó en un blog conocido donde se habla de Bebés  y más cositas…  Ahí empecé a seguir día a día la evolución de mi embarazo, leía cómo crecía mi bebé en mi interior y me empapaba sobre artículos que me abrieron un nuevo abanico de posibilidades en la crianza.

Me familiaricé con conceptos nuevos: lactancia materna, lactancia artificial, crianza con apego, crianza respetuosa, respeto por los tiempos, colecho… y quise saber más!!! Continué adentrándome en un foro de crianza respetuosa. Ahí encontré muchas mamás maravillosas que explicaban sus experiencias en la crianza respetuosa. Para mí fue toda una revolución saber que había tantas y tantas mamás que estaban llevando a cabo la maternidad que yo quería sentir. Una maternidad consciente y respetuosa con mi futuro bebé. Pero seguía sin entender algunos conceptos. Por poner un ejemplo, seguía sin entender por qué un “cachete a tiempo” estaba mal… De verdad podía hacerse de otra forma? Todas ellas me evidenciaban que sí… pero yo no estaba preparada aún para entender la maternidad respetuosa en todo su conjunto.

Esa gran verdad, ese sentimiento revelador se abrió en mí el día que recogí de mi vientre a mi propia hija. Fué la pieza del puzle que me faltaba para verme a mi misma en perspectiva. Ella fue el detonante de mi revolución interior.

A los pocos días de  nacer  mi hija tuve la suerte que cayó en mis manos un libro: COMER, AMAR, MAMAR de Carlos Gonzalez. Fue otra pieza clave en ese puzle maternal. A ese libro, le han seguido muchos más, pero sus palabras prendieron la chispa para liberar la madre que en realidad quería ser. La madre y la persona que siempre había llevado dentro pero que no se había atrevido a salir, bien por presiones sociales o por normas silenciosas que interiorizamos desde pequeños.

Sentí más que nunca una conexión especial con aquellas mujeres que al igual que yo estaban en continua renovación interior para ser mejores madres y mejores personas.

Me sentía en harmonía y cómoda en mi reciente maternidad pues dejé de mirar el reloj y me abandoné a esa conexión recíproca con mi hija que me indicaba en cada momento lo que necesitaba. Me sentía enamorada de su tacto y de su piel al llevarla pegadita a mí en el fular. Así, piel con piel tenía todo lo que necesitaba a su alcance, el alimento que manaba de mi cuerpo a demanda, el calor y el arrullo que se desprendía de mi piel.  El sueño, como el alimento a demanda… los bebés ya saben dormir y no necesita que interfiramos para nada. Pasamos de la lactancia materna exclusiva a la introducción de alimentos en trocitos, nada de papillas. Me sentí LIBRE para dormir con ella, pues no deseaba separarme ni un instante. Todavía hoy, con casi 22 meses de vida me sorprendo en el silencio de la noche observándola en su hermosa quietud, a mi lado, acurrucada cerquita de mi pecho y de mi corazón.

Lo más maravilloso es que a día de hoy seguimos piel con piel, con pecho a demanda y colechando, me encanta sentir que respto su espacio y su tiempo. Me encanta sentir que evolucionamos juntas, cada una transformándonos y cambiando juntas pero individualmente en cada etapa.

He cambiado mi alimentación, no como carne ni pescado.

He cambiado mi modo de ver la feminidad y de sentir mi poder como mujer.

En general HE CAMBIADO. Ya no soy la mujer que era y sé que la mujer que soy ahora, pronto dejará de serlo porque estoy en continuo crecimiento y descubrimiento de mí misma.

Pero cambiar no es facil. Requiere constancia, apoyo externo y seguridad en tí misma y en lo que haces. Una seguridad que casi ninguna madre cree que tiene ya que muchas veces nos hacen sentir anuladas en nuestra toma de decisiones referentes a la maternidad. Un apoyo que debemos buscar muchas veces en la inmensidad del ciberespacio y una constancia que pocas veces tenemos la fuerza de invocar en el puerperrio. El cambio no es facil pero ES posible.

Ahora, me sorpendo de lo desinformada que estaba.

No pretendo aleccionar sobre la mejor manera de criar o educar a un hijo. Ésta es tan sólo la historia de mi transformación. Un cambio que realmente me ha hecho más feliz conmigo misma y con mi família.

Mirando al cielo

Pum-Pum…… Pum-Pum…… Pum-Pum…… Me encanta sentir esa melodía rítmica… Pum-Pum…. Pum-Pum…. Me dejo llevar y revoloteo en el vientre de mi madre. Me gusta el sonido de su corazón, esa torrente de vida que latido a latido me ha envuelto en amor y cariño durante casí nueve lunas.

Me dejo fluir en este néctar de la vida que ha sido mi hogar, mi alimento y mi piel. Pero necesito más! Estoy lista para desplegar mis alas llenas de color, de mágia y de ilusión. Necesito empaparme de vida más allá de éste útero cálido y amoroso que me ha visto crecer. Necesito desprenderme de ésta crisálide vaporosa y etérea y desplegar mis sueños alados, tan frágiles como reales.

Quiero abrirme paso, deslizarme por éste canal que me acoge amorosamente, que se abre y se desplega ante mis impasibles ganas de nacer. No hay vuelta atrás! Tiene que ser ahora, en este preciso instante. Quiero lanzarme hacia esa voz cálida que tan bien conozco. Esa voz que me llama emocionada y me dice que quiere conocerme, que va a amarme siempre, incondicionalmente. Esa voz que me hipnotiza, que me enamora… Esa voz que adoro y que me ha cantado y me ha contado tantas cosas bonitas…

Siento dolor al abrirme paso. Me cuesta moverme con desenvoltura. Creo que no he empezado a salir de mi crisálide bien colocada… Pero no voy a parar… sigo retorciéndome en mi empeño por llegar a esa voz silenciosa que me llama…

Mi madre llora. Está feliz.

Yo siento un tacto cálido y amoroso que me acaricia la coronilla y eso me da fuerzas, a pesar del dolor para sincronizar mis movimientos con los de mi madre…  Siento sus ganas y su necesidad de tenerme ahí. Y así, fusionadas, en un sólo vayvén acompasado siento unas manos que me acogen amorosas… y una explosión emocional muy fuerte… Por fin estoy contigo Mamá! He nacido mirando al cielo. Así quiero decirte que no voy a darme por vencido en ésta vida. He nacido mirando al cielo como una promesa de esperanza e ilusión. He nacido mirando al cielo y en éste instante desplego mis mágicas e invisibles alas ante este mundo infinito en posibilidades y que acabo de descubrir. Puedo ser lo que quiera ser!

Lloro. Necesito limpiar mis pulmones física y emocionalmente. Desprenderme de fluidos que ya  no necesito y desprenderme de ese dolor que me ha acompañado hasta que esas manos me han acogido, ávidas de mí, de mi calor y de mi piel.

Oigo tu voz, a lo lejos… Me llamas como siempre, amorosa… “Mi cariño chiquito, te ha dolido?” me preguntas. Y eso me reconforta… La melodía de tu voz y el calor de tu piel desnuda que me acoge, tu olor que me embriaga… Siento una necesidad dolorosa de contacto y de movimiento… Un olor dulzón me llama…  Y lo encuentro… Me deslizo hasta tu pecho… y siento, de nuevo el velo protector de aquella crisálida que he dejado atrás… Y me lleno de tí, me alimento de tí, me envuelvo en tu olor de madre y me dejo mecer en un abrazo amoroso, las dos transportadas por un solo ritmo al compás del sonido más dulce del mundo… Pum-Pum…. Pum-Pum….Pum-Pum…

Resultados de la encuesta Lactandoamando sobre la lactancia materna

Por fin tenemos aquí los resultados de la encuesta que publicamos en una entrada anterior.

Si te interesa ya puedes leer los resultados aquí.

La lactancia materna es mucho más que alimento. Por ello se necesita el apoyo de nuestro entorno para poderla disfrutar en todo su explendor. Sin prisas, sin horarios, sin presiones… Disfrutarla a lo largo del tiempo sin restricciones…

Disfrutar libremente de esta unión física y emocional que es, en realidad, un regalo para toda la vida.

ConcienCiliación

Si busco concienciar en el diccionario, me encuentro con la siguiente definición: “Hacer que alguien sea consciente de algo, que lo conozca y sepa de su alcance.”

Por qué me he molestado?, te preguntarás, pues porque últimamente aquello que en mi vida como mamá reciente era “tolerado” ahora pretenden convencerme de que es dañino o repercute negativamente en mí y en mi hija.

Me explico. Ya hace casi 19 meses que soy mamá. Al principio, dar el pecho está bien. Hasta que pasas de las famosas 16 semanas de baja maternal. Entonces pasas a ser como un especímen a parte. Lo rara que te hacen sentir va directamente proporcional al tiempo que des el pecho. Con 19 meses ya ni te cuento: que si tu leche es agua, que si eso es vicio, que si te usa de chupete… En definitiva, me miran como si quisiera seguir infantilizando a mi hija, como si quisiera negarle crecer y convertirse en una niña al seguir tomando pecho, un pecho que, según ellos, ya no alimenta…

Lo mismo pasa con el colecho. Al principio, lo llegan a “entender” (yo creo que nunca) porque das el pecho. Conforme pasa el tiempo, esa mirada de “ay! queteestásequivocandoyateloencontrarás…” se convierten en desaprovación total. Aquí las advertencias son claras: es por tu bien, nunca va a irse de tu cama, ya es grande para dormir acompañada, te arrepentirás cuando sea mayor… Lo peor es que quien más critica menos quiere saber o entender del tema.

También me encuentro ese problema con la comida. Al principio fue por el BLW. Con seis meses mi hija empezó a comer entero y en trocitos. Nos hemos saltado la etapa de las papillas. Aquí todo el mundo con cara de susto. Me hicieron sentir irresponsable por no seguir el “método tradicional” de introducción de alimentos.

Aprovecho para recordar el tema del porteo. Con 3 meses, lo encuentran extrovertido, pero “aceptable”. Con 19 meses, directamente me tachan de loca. Se preocupan por mi espalda pero nadie pregunta por cómo me hace sentir llevar a mi niña cerca del corazón.

Por mi, y por otras mamás incomprendidas, inaceptadas o sencillamente ingoradas en su “excentricismo” hago examen de conciencia.

Por mi y por ellas no voy a callar. Es más, NO DEBO callar ante comentarios injustificados y insostenibles. Ellos hablan desde la seguridad que les da su ingoráncia. Yo desde el amor y el respeto, y por qué no, desde mi experiencia, que aunque sea distinta es totalmente válida.

Es aquí donde entra en juego la palabra concienciar. Hay que hacer que la gente conozca y sepa el alcance que tiene la crianza con apego, la lactancia materna, el porteo, el colecho… Sólo así abriremos las mentes más cerradas e iremos sembrando la semilla de la duda para que busquen y se informen por ellos mismos.

Si callamos, si nos silenciamos por ser educadas o dejamos de concienciar, dejamos de defender lo que por naturaleza es del ser humano. La crianza con el corazón, la cercanía y el respeto.

Siempre he tenido la certeza, infantil al fin y al cabo, de que había nacido para hacer algo especial. Mi hija me ha hecho comprender que ahora es mi momento. Mi punto de inflexión. Ahora es cuando al abrir conciencias, al alzar la voz, al defender lo que siento ante mí y ante ella hago posible un cambio de mentalidad. Una brecha entre generaciones donde por fin romperé con la forma tradicional de crianza y le ofreceré a mi hija un modelo diferente donde el autoritarismo y el llanto desatendido no tienen cabida.

Por mi, por las demás mamás y por mi hija debo concienciar.

Si busco conciliar, me encuentro con lo siguiente: “Conformar, hacer concordes o compatibles dos o más elementos que son o parecen contrarios.”

En éste punto, juega un papel vital la palabra conciliar. Una vez me he liberado de antiguas ataduras, de rencores del pasado. Una vez he tomado conciencia de quién soy y de la madre que quiero ser ante mí y ante el mundo, me encuentro con que la sociedad no está preparada para dejarme SER.

Hay que reconciliar la maternidad respetuosa y consciente con la sociedad, altamente consumista. Consumista en todos los aspectos… te absorve y hace que tu mundo personal, tu mundo familiar se tambalee hasta derrumbarse. La sociedad capitalista te anula como persona y como madre. Realza valores económicos por encima de los personales. Por ello hay que ConcienCiliar dar a conocer otras maneras de educar, la crianza desde el respeto y tener el derecho a compatibilizar esa manera de vivir con todas las áreas de tu vida.

Hay que acercar distancias entre la familia y la sociedad en general. Hay que construir un mundo consciente del cambio de mentalidad. Consciente de que una nueva revolución está emergiendo. Porque una vez que sientes el cambio en tí, no hay vuelta atrás. No puedes volver a ser la que eras.

Se puede volver al trabajo, si una lo desea, pero también debería permitírsele la opción, y respetarla, a la madre que eliga quedarse con sus hijos. Deberían evitarse los juicios de valor por aquella madre que amamanta más allá de la media o que portee a niños mayores o que coleche… entre muchas otras cosas. Queda mucho por concienciar y por conciliar pero ambas van de la mano del RESPETO. Respeto por tener opiniones y maneras de hacer distintas pero que son tan válidas como cualquier otra. Esa es mi reivindicación.

Mi reflexión es que hay que concienciar para conciliar. Y como dicen por ahí “sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”.

Una concienciación real ya para una conciliación real ya.

Porque los hijos de hoy, son los hombres del mañana.

Piel con piel.

A lo largo de ésta semana se va a promover el porteo a través de la Semana Internacional por la Crianza en Brazos.

Yo quiero aportar mi experiencia.

Cuando nació mi hija, yo no había leído nada sobre, crianza natural, colecho… Ninguna de esas palabras me resultaban familiares. Pero sí tenía un hermoso fular que le había pedido como regalo a una amiga muy especial. Tenía unas ganas tremendas de compartir mi vida con la personita que más ansiaba conocer, mi hija. Quería llevarla conmigo, ser su cuna, su alimento, su calor, su mundo!!

Siempre siento que acompañar a mi hija en el nacimiento, cogerla delicadamente con mis manos mientras salía de mí, me cambió.

Al momento de nacer ya la tenía conmigo, pegadita, piel con piel. Sentir su calor, notar su corazón es lo mejor que como madre me puede pasar. En aquel instante supe que quería seguir así, unida a ella por ese vínculo invisible, mágico y maravilloso. Porque así es ella, mágica y maravillosa.

Aquí llegaron los comentarios típicos que sufren por mi seguridad emocional y por la de mi hija que aseguran que así se malacostumbrará y será terriblemente dependiente. Puede que por un momento me hicieran dudar. Pero cómo puede ser perjudicial sentir la piel de tu hija? Ese contacto me da la vida! Cómo puede ser malo algo que sale del corazón?

Decidí escucharme. Escuchar mis instintos. Mi cuerpo la llamaba, la quería conmigo. Separarme de ella me producía un vacío inexplicable. Me faltaba algo. Me faltaba el latir de un corazón que había nacido dentro de mí.

Ahora mi pequeña ya tiene 17 meses. Seguimos porteando. Las críticas han ido en aumento desde entonces. Pues la gente ya no está preocupada porque se malcrie, sino por mi espalda. Y yo agradezco su preocupación cuando es sincera. Pero llevar a mi hija no me pesa y no me pesará nunca.

Eso es el porteo. Llevar lo más preciado, lo más querido, cerca de ti. Muy cerca. Piel con piel. Notar su calor y su olor. Su suavidad y su dulzura. Es alimentarla donde y cuando sea. Es sentir su respiración acompasada al dormir sobre tu pecho. Es darle alimento dónde y cuándo lo necesite sin importar el tiempo ni el lugar. Es crecer acompasadas por una melodía sin música. Una canción que sólo suena para nosotras dos.

Eso es el porteo, descubrir la mágia de ser uno, madre e hija.

Conciliación Real ¿Ya?

 

Llevamos unos días de mucha revolución, con la creación del grupo de Facebook Conciliación Real ¡Ya! por iniciativa de Ira, de Ma a ma, pell a pell, cor amb cor (podéis ver la entrada que sembró la semillita aquí).

Son días de mucho darle vueltas al asunto, de intentar buscar propuestas, recogiendo las diversas opiniones de madres y padres implicados con la crianza de sus hijos y unidos por la misma desazón: la dificultad de conciliar la vida laboral con la familiar.

Y es que ¿con quién van a estar mejor nuestros hijos que con nosotros mismos? Muchas veces me han hecho la misma pregunta: ¿y tu hija va a la guardería? y a pesar de que algunos intentarán cantarnos las excelencias del bien que les hace, porque necesitan socializarse, blablabla, incluso estos acaban diciendo que como en casa en ningún sitio. Ya, pero en casa de los abuelos, no en mi casa, nuestro hogar… Cierto es que yo puedo ser considerada muy afortunada, tengo un horario bastante bueno y paso todas las tardes con mi pequeña, pero no puedo evitar mirar con envidia a mis padres cuando llego al mediodía y me cuentan una nueva hazaña de mi bombón.

Siempre hay algo nuevo, algo que ha hecho por primera vez y no estaba yo para ser testigo del paso del tiempo, de como mi pequeña se va convirtiendo en una niña, de todas esas historietas que me cuentan henchidos de orgullo y que hacen que nos partamos de risa con sus ocurrencias.

Recuerdo perfectamente mi incorporación al trabajo una vez terminadas las 16 escasas semanas del permiso de maternidad. Me debatía entre dos frentes, por un lado el dejar a mi pequeña, de la que no me había separado en ese tiempo, y por el otro mi sentido de la responsabilidad, ya que no podía evitar sentir que estaba fallando a la empresa por ese tiempo de “vacaciones”. Quería llegar y estar a tope, pero no podía evitar irme al baño y sentirme fatal, sentir que estaba traicionando a mi pequeña, que con quien tenía que estar era conmigo. Y era pensar en ella, o hablar de ella o lo que sea, y mis pechos se ponían duros como piedras y lloraban leche.

Cada vez que la iba a buscar a casa de mis padres, aunque acabara de comer, se enganchaba siempre al pecho, para recuperar el tiempo perdido, y pasamos las tardes bien pegadita la una a la otra.

Hasta que la niña cumplió un año, fue su padre quien la llevaba todos los días, ya que por horarios entraba una hora más tarde que yo y así no le pegábamos tanto madrugón. Yo lo agradecía, ya que cuando la llevaba yo la niña lloraba amargamente, y si la llevaba mi marido parecía llevarlo mejor. A partir del año, fui yo quien la iba a llevar (además de recogerla) y nos costó mucho a las dos adaptarnos, aún es el día de hoy (tiene 19 meses) que llora a veces cuando la dejo con los abuelos, y yo me voy a trabajar con un nudo en el estómago.

Una de las cosas que me costó mucho fue el mantener el ritmo de extracción de leche. En el trabajo no tenía opción de sacarme leche, así que me tocaba hacerlo por las mañanas y al mediodía, y a ratitos libres por la tarde. Me costó muchísimo estar así hasta que la niña cumplió 15 meses, necesitaba sacarme todos los días 300 ml y no siempre lo conseguía. La mayor parte de las mañanas sacaba muy poco, porque la niña había estado toda la noche enganchada al pecho, y al mediodía ya se encargaba ella de vaciarme de nuevo en cuanto me veía… Fue una locura, empecé a sacarme leche unas 6 semanas antes de incorporarme y si pudiera volver atrás en el tiempo, lo hubiera hecho desde el principio. Vivía angustiada pensando en el dichoso sacaleches, me fabriqué un sujetador manos libres casero, y me sacaba leche todos los días, a veces me parecía que no hacía otra cosa!

Y es que mi peque fue de las que sí aceptó el biberón de la leche de mamá y demandaba dos biberones de 150 ml, así que os podéis hacer a la idea de lo duro que fue…

En fin, creo que ha resultado una entrada de lo más caótica, ya que son tantos sentimientos acumulados que no puedo más que hacer un batiburrillo de ellos, me salen a trompicones, espero que me perdonéis.

No puedo más que enlazar con la página de Facebook que tiene Conciliación Real Ya desde ayer, para que todos se unan por esta causa.

 

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