Tarta de manzana…

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Bueno… hoy me siento golosa… y te voy a colgar una receta riquísima y muy facil de hacer.
Se trata de una apetitosa tarta de manzana.

Utilizo 1,5kg de manzanas peladas y cortadas en cuartos, 70gr de mantequilla sin sal y 150 gr de azúcar moreno. Se puede usar azucar blanquilla y tambén poner más cantidad de ésta (180gr), pero a mi no me gusta tan dulce.

La masa siempre suelo hacerla casera, pero en esta ocasión no tenía tiempo y compré masa de hojaldre.

Uso una cazuela que luego pueda meter directamente al horno.

Lo primero que hago es pelar y cortar las manzanas en cuartos. Ponerlas en la cazuela. Añadir la mantequlla y ir removiendo hasta que queden las manzanas doraditas y el líquido que suelten quede evaporado.

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Luego cogemos el hojaldre y lo extendemos a modo de tapadera. Justo por encima de las manzanas y en la misma cazuela. Pinchamos la masa con un cuchillo… Y al horno!!! Yo lo pongo a 180gr y dejo la tarta hasta que veo la masa dorada, lo que equivale a unos 15 minutos.

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Y ya ves el resultado!! Se come sola!!!
Está buenisima a todas horas! Y perfecta si se acompaña con una bola de helado de vainilla o una buena cucharada de nata recien batida!!!

Bon Profit!!!

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Mermelada de manzana con un toque de canela.

Empezamos el día estrenando una nueva sección de recetas. Cada viernes colgaremos una receta diferente que espero que os guste y os aninéis a probarla!

Tenía excedentede manzanas y decidí aprovecharlas haciendo mermelada.

Ingredientes
800gr de manzana (peladas y troceadas)
400gr de azucar (yo usé azucar moreno)
El zumo de un limón

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Lo pongo todo en la panificadora. Si quieres (yo lo hice) puedes añadir canela al gusto. Le doy al programa de mermeladas… Y listo!

Si no tienes panificadora, el proceso es ir removiendo todos los ingredientes en una olla a fuego medio, evitando que pueda pegarse.

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Antes de enfrascar la mermelada, se puede pasar por la batidora si te dá la sensación que han quedado grandes los trocitos de manzana. Eso lo dejo al gusto del consumidor!
Tambien hay que esterilizar los frascos hirviéndolos en algua caliente. Luego los seco bien y ya se puede almacenar la mermelada. Nunca me olvido de marcar la fecha de envasado en la tapadera del bote.

Si no la vas a consumir en poco tiempo, te recomiendo que pongas los botes de mermelada que quieres guardar al baño maría durante un cuarto de hora. En el fondo de la olla suelo poner un trapo para que no se rompan los botes con el tintineo de la cocción. Cuando transcurra el tiempo en el que los botes hacen el vacío, los dejo en la olla hasta que se han enfriado.

Y ya está todo listo para degustar!

Como dicen en mi tierra, bon profit!

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BLW o el arte de comer como papá y mamá

Hacía tiempo que deseaba compartir nuestra experiencia en la introducción de la AC y considero que no hay otro lugar más adecuado para ello, abrazada por aquellas personas que lo vivieron día a día.

Nosotras mantuvimos la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, pasamos todo el día juntas (y la noche) por lo que ella ha mamado siempre a demanda, según sus necesidades, sin atender a tiempos, ni para ofrecer ni para cambiar de pecho. Ella elegía y yo la dejaba hacer, porque rápido comprendí que ella sabía mucho más que yo al respecto. Ella mantenía sus instintos intactos mientras los míos estaban adormecidos por décadas de suplir y modificar conductas femeninas que florecen desde lo más profundo de nuestra esencia.

Cuando nos aproximábamos a la fecha, comencé a interesarme por la AC. Aunque leía todo aquello que caía en mis manos, porque nunca ocupa lugar y considero que enriquece comprender distintos aspectos de un mismo tema, lo cierto es que me fui alejando de los folletos clásicos del centro de salud que recomendaban la papilla de frutas con zumo de naranja a media tarde y los cereales por la noche. No recuerdo dónde lo leí por primera vez, si fue en “Mi niño no me come” de Carlos González o fue un poco antes pero, una vez más, caí rendida por la lógica aplastante de algo que, a mi parecer, debía ser más natural.

¿Para qué iniciar el camino de los triturados cuando la finalidad es que acabe comiendo los alimentos tal cual? ¿No sería más sencillo evitarnos, directamente, el paso de la teta a la cuchara y de la cuchara al tenedor? Lo comprendí al instante y busqué algo más de información acerca del orden de introducción de los alimentos y sobre cuáles era preferible retrasar. Sobre la técnica en cuestión, no lo encontré necesario, es clara y no precisa de ningún truco, sólo confianza, sentido común y perder el temor sin ser temerario. Es decir, adaptar la introducción de los alimentos potencialmente alergénicos a la edad del bebé y evitar aquellos con alto riesgo de asfixia, como por ejemplo la manzana o la zanahoria cruda en trozos, las pieles o los huesos, que pueden resultar difíciles de manejar en una boca con escasos dientes o sin ellos.

Una vez cumplidos los seis meses, comenzamos preparando gachas de arroz y polenta con sus grumitos y ofreciendo tortitas de arroz que devoraba, para continuar introduciendo el plátano tal cual, a veces chafado y a veces no, ella prefería tomarlo de mi mano a suaves mordisquitos con sus encías,  o cogerlo con sus dos manitas “a lo monkey”. Pasamos rápido al pollo para ayudar con el aporte de hierro, puesto que sus reservas podían comenzar a flaquear en cualquier momento. Quedé sorprendida cuando poco después, echó mano de un filete, lo maceraba en su boca, con sus encías y lo ablandaba con saliva hasta poder tragarlo, ella solita. Sin trocear, sin triturar, sin atosigarla.

No voy a negar que esta aventura supone cierta tensión, temes que se atragante hasta que vas comprobando que, generalmente, lo resuelve sin mayor problema. Esto no quiere decir que puedas despreocuparte, es importante mantenerse presente y atenta, no sólo por precaución si no por hacer la  experiencia más enriquecedora.

También te asaltan dudas porque, lógicamente, las porciones que ingiere a este ritmo y por su propia voluntad no se asemejan ni de lejos a las que contiene cada una de las papillas, con todos sus gramos contaditos… Pero para algo esto es lo que es, una alimentación complementaria, y todo lo que suponga comer por voluntad y haciendo uso de su cuerpo y medios ya es más que  complementar.

Reconozco que los principios son desconcertantes, casi cualquiera se siente con derecho a opinar o cuestionar. Sin embargo ahora, cuando come prácticamente lo mismo que nosotros, cuando no es necesario enmascarar la verdura, el pescado o las legumbres, cuando conoce el sabor, el olor y la textura de la zanahoria, la cebolla, el brócoli o la ternera, todo el mundo se sorprende de lo bien que come, sin saber que no es tanto una cuestión de suerte sino de adaptación, de vivir los cambios con naturalidad, de no subestimar al bebé por nuestros miedos, nuestras prisas o nuestra falta de confianza en nosotros mismos. Por no creer que nuestra leche, o la leche de fórmula, sigue alimentando hasta el año más que cualquier papilla de frutas. Por no permitir que el niño experimente, toque, saboree, aplaste, conozca las texturas, sus sabores, sus posibilidades. Por no dejar que use sus manos para comer, que se sirva solo, que tome el postre antes del plato principal si así lo desea, sin imponerle horarios ni ciertas reglas que el bebé es incapaz de asimilar aún, por emperrarnos en que se acabe el plato, en que no se ensucie, etc. Porque tal vez nos sorprendan,  como nos ha ocurrido muchas veces, que alarga la mano y come sin ninguna presión un filete de pollo enterito tras media tajada de melón o de pronto un día decide tratar de atrapar algo con su cubierto, simplemente porque observa que así lo hacen papá y mamá y no porque sea lo que debe hacer. Lo que sí tengo claro es que las prisas no benefician en absoluto esta adaptación y aquí, de nuevo, nos topamos con que el ritmo de vida actual no se corresponde con nuestro ritmo natural.

Hace ya tiempo que en casa hemos adaptado un poco nuestros menús para comer todos llo mismo, a la vez, sentados los tres a la mesa. Aún faltan por introducir algunos alimentos, como la miel, los frutos secos o la sal, ya sazonamos nuestros platos una vez servidos si lo creemos oportuno.

Y son momentos de conexión, agradables, de comunicación, de compartir, de reír, sin presiones, sin amenazas… Nos mantenemos atentos, llevando cierto control de lo que come y nunca ha hecho falta preocuparnos, porque nos ha demostrado que no ha perdido esa capacidad para nutrirse según sus necesidades y compensa días que apenas prueba bocado con otros que devora, sin encontrar relación con los platos servidos esos días. Porque come libre, porque siempre ha comido como una más de la familia. Por supuesto, tras 18 meses, esta es sólo nuestra experiencia y no es mejor ni peor que otras tantas similares o completamente diferentes, pero nosotros nos sentimos muy felices y satisfechos con el camino tomado y eso, al fin y al cabo, es lo más importante.

 

Aún conservo algún folleto en pdf, si alguien está interesado puede contactar en: buceandoenmi@yahoo.es

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