Galletas de doble chocolate con pasas

Bueno… pues otra recetita golosa para endulzar las fiestas…

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Aquí te pongo los ingredientes:

– 225gr de mantequilla reblandecida (sin sal)

– 140gr de azúcar extrafino (se puede moler el azúcar de caña)

– 1 yema de huevo ligeramente batida

– 2 cdtas de extracto de vainilla

– 250gr de harina

– 25gr de cacao (mejor si es puro, también sirve el colacao o similar)

– 350gr de chocolate negro cortado en trozos pequeños

– 55gr de pasas sultanas (puede ser guindas, o cualquier otro fruto seco…)

– un pellizco de sal

1. Precaliento el horno a 180 grados y forro dos bandejas con papel para hornear. En éste caso no me quedaba y he usado papel de aluminio.

2. Pongo la mantequilla reblandecida y el azúcar en un bol. Lo mezclo bien hasta que queda una masa unfirme… talqueasí…

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A partir de aquí voy incorporando la yema de huevo y el extracto de vainilla al mismo tiempo que sigo batiendo.

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Añado la harina tamizada, el cacao y una puntita de sal. También añado los trocitos de chocolate y las pasas sultanas.

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Lo remuevo bien hasta que queda la masa bien ligada.

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Luego voy formando bolitas con las manos y las voy poniendo en la placa para el horno… Hornear durante 10-12 minutos, según el horno. Una vez fuera del horno las dejo de 5 a 10 minutos para que se enfríen y luego, con la ayuda de una espátula las coloco en una rejilla hasta que se enfrían. Si intentas sacarlas antes de ese tiempo de la bandeja (por gula o por impaciente O_=) se te van a romper… te lo digo por experiencia!

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Bon profit!!

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Algo rojo

 

Me ha bajado, irregular, como siempre. Inconstante, inestable, impredecible.

Me apetece alejarme de todo. Acurrucarme en un rincón, a oscuras, conmigo misma. Una sensación reconfortante.

Algo que podría haber sido y no es, se va, se escapa. Me da la oportunidad de volver a nacer como mujer, una vez más, otro mes más. De reinventarme, de reconstruirme, de volver a crear vida.

En estos días me siento más mujer que nunca. Me siento poderosa, mágica.

Me duele. Pero cada vez menos. He aprendido a conectar con mi parte femenina. Con la parte ancestral de la mujer que todas llevamos dentro.

Cada ciclo es único. Cada mes las emociones son cíclicas. Nacen y mueren para volver a nacer. Cuando esos días rojos se van, me siento fuerte, enérgica. Los días pasan y mis sentimientos fluyen, cambian, se transforman. Empiezo a sentir que esa oleada de energía me abandona. Pero llega a mí una cálida sensación de protección. Siento que quiero estar cerca de los míos, quererlos, mimarlos, preocuparme por ellos.

Una vez más esa sensación de calidez me abandona. Y me llena una emoción inesperada. Siento que necesito tiempo para mí. Para cuidarme. Para mimarme. Siento que necesito comprenderme, escucharme. Así que me retreaigo del mundo. Lo abandono. Me abstraigo. Me concentro en mí.

La regla no es algo sucio, impuro, molesto.

Es ancestral, algo que me conecta con la esencia femenina, con mi madre, con mi abuela y va mucho más atrás. Algo que me conecta a la vida, al mundo.

He aprendido a escucharme y estoy llena de vida. Algo que antes pasaba desapercibido por el dolor, y el fastidio que sentía en esos días.

Me doy cuenta que mi cuerpo quiere que lo escuche. Que lo atienda. Que lo mime. En esos días me siento así. En ese rincón oscuro, sola.

En esos días oscuros, me pongo algo rojo. Porque estoy feliz por el ciclo que se acaba y radiante por el ciclo que comienza.

Llevo algo rojo porqué sé que en unos días volveré con fuerza y energía renovada.

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